viernes, 19 de enero de 2007

Un falso positivo que hace mucho daño


De nuevo, la sombra del dopaje acecha al ciclismo. Ayer el diario francés Le Monde publicó que el corredor del equipo Caisse d´Épargne Óscar Pereiro dio positivo por salbutamol durante la última edición del Tour de Francia. Pereiro, que terminó en segundo lugar en el Tour 2006, es el virtual ganador de la carrera después de la descalificación por dopaje por testosterona del primer clasificado, el estadounidense Floyd Landis. El salbutamol es una sustancia que contienen los medicamentos para el tratamiento del asma, como el Ventolín. Pereiro tenía permiso para utilizar el Ventolín por prescripción médica, como queda reflejado en la cartilla de salud que obligatoriamente tienen que presentar los ciclistas en cada carrera. Según la normativa de la Unión Ciclista Internacional (UCI), el reglamento del Tour de Francia y la Comisión Nacioonal Antidopaje española, el positivo de Pereiro no es tal, porque el corredor justificó la presencia de salbutamol en su sangre por razones médicas. Sin embargo, la Agencia Francesa Antidopaje sí considera que hubo dopaje porque ni la UCI ni el corredor le hicieron llegar el informe médico que justifica su necesidad de usar el Ventolín. Todo queda pendiente de lo que decida el próximo 25 de enero la Agencia Francesa Antidopaje tras estudiar las alegaciones del corredor. Si deciden sancionarle, Pereiro podría perder su segundo puesto en el Tour y su posibilidad de convertirse en ganador cuando salga la resolución definitiva de la descalificación de Landis.

Lo que se deduce de todo este embrollo es la falta de unificación de criterios entre todos los organismos encargados de vigilar la limpieza de un deporte permanentemente bajo sospecha. Debería existir una única lista de medicamentos prohibidos y también se deberían cuidar al máximo las filtraciones a la prensa de los supuestos casos positivos. En casos como el de Pereiro, considerado por todos los especialistas como un "falso positivo", el daño a la credibilidad del corredor es irreparable y entre los aficionados poco informados se extiende la idea de que todos los ciclistas se dopan y que la competición está adulterada siempre. Los ciclistas aparecen a los ojos del público como tramposos y se ven sometidos al juicio popular y obligados a demostrar su inocencia aunque las acusaciones que se viertan sobre ellos no tengan ningún fundamento. El ciclismo, uno de los deportes más bellos y duros, es también el más controlado en cuestiones de dopaje. Los corredores se someten anualmente a múltiples análisis de sangre, muchos de ellos por sorpresa. Se debe sancionar a los tramposos, pero el resto, los que cumplen las normas, merecen admiración y respeto. Sin embargo, casi siempre vende más el escándalo que el trabajo bien hecho.
Más información sobre el falso positivo de Pereiro en:

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