jueves, 11 de enero de 2007

Dos textos de Maruja Torres


En la última semana la periodista Maruja Torres ha escrito en el diario El País dos textos magistrales.

En el primero, publicado el pasado 4 de enero, Maruja Torres reflexionaba sobre las imágenes de la ejecución de Saddam Husein y el pretendido derecho a la información al que aluden quienes han decidido emitir el vídeo o recoger fotograma a fotograma la escena en sus medios de comunicación:

Más y más
MARUJA TORRES 04/01/2007

La brutalidad de los eventos que, de una forma u otra, se han prodigado en el planeta durante los últimos días del 2006 y primeros del 2007 convierte a los augures del futuro en meros comentaristas que, a lo peor, se quedan cortos, y a los analistas del porvenir en ingenuos colegiales.

Se habla mucho de las catástrofes. Pero no de la catadura moral a la que, al parecer, aspiramos cada vez con más contundencia: la del ávido consumidor de espectáculos fuertes, de reality shows colgados en la red o servidos por teléfono, y el repugnante negocio que propicia. Póngase el ahorcamiento de Sadam Husein en la minipantalla de su teléfono, tenemos en oferta la paliza al vagabundo rumano y, mucho más rebajada por motivos obvios -ha pasado de moda-, la escena de la esnifada de Kate Moss. Por cierto que si alguien la ha visto metiéndose morfina en Bangkok estamos dispuestos a adquirir las imágenes y doblamos cualquier oferta.
Todo esto empezó, recuérdenlo, como un melindroso alegato al derecho a la información. Nadie nos informó -miren por dónde- de que se trataba precisamente de un negocio. De un paso más en el camino del amarillismo que denunció hace un montón de años Billy Wilder en El gran carnaval. Al desligarse del periodismo y convertirse en espectáculo gracias a las tecnologías, la información así adquirida -por espontáneos o simples truhanes- se convierte en una necesidad para las corporaciones de la comunicación, no en un incentivo para investigar, fotografiar y filmar con los férreos escrúpulos que el informador debe exigirse. ¿Quieres verte en nuestra página? ¿Estuviste allí? ¿Viste algo? Sé periodista tú también, caramba.
Del rumbo que tomará esta tragedia moral, de cómo acabará el espectador colectivo e inerme en que hemos mutado casi sin percatarnos, no contamos con predicciones ni auspicios. Pero podemos temer que el monstruo necesitará más y más tomas altas y que, cuanto más se le aumente la cantidad, mayor resultará la indiferencia del público ante las lecciones que subyacen en cada una de las historias y en la forma en que nos fueron entregadas.
Nuestra indiferencia, nuestra insensibilidad, no está en los análisis ni en las profecías. Sólo en nosotros.


En el segundo artículo, publicado hoy 11 de enero, Torres pone palabras a lo que muchos pensamos de los terroristas de ETA:

G+H= etarra
MARUJA TORRES 11/01/2007


Deberíais abochornaros. Sois los terroristas más lerdos del mundo, y mira que hay dónde elegir. Yo había puesto el listón de la cretinez en aquel barbudo que le hacía la pelota a Bin Laden poco después del 11-S, contándole que su señora esposa había tenido un sueño premonitorio en el que veía los atentados a las Torres Gemelas. Pero esta historia de que seguís con la tregua mientras asesináis y, sobre todo, eso de que vuestra intención no era la de matar, como si los explosivos pudieran utilizarse también y únicamente para la depilación en seco, bien, todo ello reduce vuestro espectro encefálico a niveles prejurásicos, en relación con cualquier antecedente de cualquier calaña internacional y de cualquier hemisferio. Sois de una estulticia rayana en lo teo-ilógico: estáis embarazados pero sois vírgenes porque ha venido un angelito y etcétera, etcétera. Deberíais avergonzaros de hacer así el ridículo si no fuera porque, previamente, habéis cometido el crimen que nos impide trataros sólo como lo que también sois: una banda de capullos.

Pero sois unos asesinos. Posiblemente los asesinos más malos e idiotas del planeta. Qué coño una nación para vosotros. No servís ni para ilustrar una historieta. Qué sería de esas mentes vuestras privilegiadas sin explosivos, sin pistolas, sin balas, sin robar coches, sin anónimos, sin ejercer la extorsión, sin amedrentar y sin los bichos de Batasuna y otras garrapatas afines. Claro que tenéis que vivir del cuento nacionalista. Andaríais frescos si os vierais obligados, como los seres humanos normales (es decir, humanos), a ejercer un oficio, estudiar una carrera y no digo ya desarrollar una tesis o hacer oposiciones. Matar obreros, jueces, guardias civiles, políticos, periodistas, catedráticos: eso os da de comer. La maldad. El resto de vuestra capacidad cerebral da lo justo para aguantar la capucha.
No sé por qué los científicos británicos se ufanan de querer inventar un híbrido de humano y animal para sus investigaciones. Aquí ya lo hemos logrado. Es un cruce entre gilipollas y hiena, y responde a la denominación de etarra.
Pero no quiero acabar sin pedir perdón por esta columna a los gilipollas no violentos y a las hienas.


Dos ejemplos de buen periodismo.

Más información sobre Maruja Torres en:

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