domingo, 24 de febrero de 2008

La guerra de Charlie Wilson


La última película de Mike Nichols narra un hecho real. Charles (Charlie) Wilson era un confresista del Partido Republicano por el Estado de Texas que en los años 80 consiguió que el comité de Defensa del Congreso de EEUU diese 500 millones de dólares a los muyahidines que luchaban para expulsar a los soviéticos de Afganistán. Wilson pertenecía a un subcomité encargado de aprobar los fondos destinados a operaciones encubiertas de la CIA. Junto a una multimillonaria texana y un oscuro agente de la CIA logró tejer todo un entramado de relaciones para ocultar la procedencia del armamento suministrado a los afganos y a otros combatientes llegados desde otros países musulmanes ( la llamada "Internacional" de la Yihad). La guerra de Charlie Wilson relata en tono de comedia uno de los últimos episodios del enfrentamiento en escenarios secundarios de las dos grandes superpotencias de la Guerra Fría. Afganistán acabó convirtiéndose en el Vietnam de los soviéticos, con la inestimable ayuda de los fondos reservados de EEUU. El sistema ideado por el grupo encabezado por Wilson involucró a países aparentemente enenistados, como Pakistán, Israel, Arabia Saudí y Egipto. Todos colaboraron en el entrenamiento de combatientes y el envío de armas con licencia soviética o nuevos prototipos estadounidenses, como los lanzamisiles Stinger, que resultaron decisivos en el derrino de helicópteros y la destrucción de carros de combate soviéticos. El guión de La guerra de Charlie Wilson es de Aaron Sorkin, creador de El ala Oeste de la Casa Blanca, una serie que relató con gran fiabilidad el funcionamiento de la alta política en EEUU. En La guerra de Charlie Wilson se ve cómo los congresistas utilizan a los votantes en su propio beneficio, venden su apoyo en cada votación al mejor postor, dependen de una cohorte de asesores hasta para las cuestiones más nimias y convierten el mandato otorgado por los ciudadanos en un mercadeo de compraventa de favores cuya única finalidad es mantenerse en el cargo. Entre los protagoonistas de la película destaca especialmente el agente de la CIA Gust Avrakotos, interpretado por Philip Seymour Hoffman. Él tiene la visión más lúcida de la situación y sabe que los actos siempre tienen consecuencias, lque los triunfalismos no tienen cabida cuando se trata de la guerra y que solucionar un problema puede contribuir a crear otro de mayor envergadura si no se hacen bien las cosas. Y así fue: EEUU armó a los muyahidines afganos, financió a grupos fundamentalistas como Al Qaeda para expulsar a los soviéticos de Afganistán y sus armas contribuyeron a la llegada de los talibanes al poder y a que en suelo afgano y también en el Norte de Pakistán creciese y se desarrollase un monstruo integrista que constituye en la actualidad una de las mayores amenazas para la seguridad mundial. La guerra en Afganistán no terminó con la retirada de los soviéticos. Afganistán no ha conocido un momento de paz desde hace más de treinta años. De los campos de entrenamiento afganos salieron los terroristas suicidas que se inmolaron en las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001 y algunos de los que participaron en los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid. Hoy en día Afganistán sigue siendo un agujero negro que devora millones de dólares y euros y que sigue llevándose vidas por delante. Es un Estado fallido que la intervención internacional no ha podido enderezar. La guerra de Charlie Wilson se ha convertido años después en la guerra de todos.

Sinopsis:


Crítica en El País:

2 comentarios:

EtNeCiV dijo...

Precisamente vengo del cine de ver esta película. Me pone de mal humor ese juego sucio de la CIA, esa política de compraventa de favores... esas alianzas entre países oficialmente enemigos y ese empeño en tener anestesiada a la opinión pública para que no pueda decir nada.

Pero es el orden del día a día, aunque quizá esos servicios secretos que usan prácticas tan poco éticas se hayan relajado un poco con la eliminación del enemigo soviético.

La paradoja es que toda esta operación encubierta luego se le hubiera puesto en contra. No se aprende de la historia...

Paqui Pérez Fons dijo...

Algo que falta en la película es la referencia a Al Qaeda. Supongo que el tono de comedia no permitía hablar de algo tan serio y que hay que seguir ocultando esa parte de la historia a la opinión pública de EEUU.

No creo que los servicios secretos se relajasen. Más bien fueron quienes mandaban, que empezaron a recortar presupuestos, a despedir agentes con experiencia y contratar jóvenes que tuviesen menos cargas laborales. Los viejos agentes tenían una visión muy clara de los peligros de determinadas operaciones, pero ellos no deciden. Sólo cumplen órdenes. Hay un libro de un ex- agente de la CIA, Robert Baer, que cuenta muy bien este tipo de situaciones y su desengaño respecto a los burócratas de Washington.

Personalmente, el papel que más me gusta de la película es el del agente de la CIA. No me gusta nada Tom Hanks y el papel de Julia Roberts no tiene demasiada sustancia.

El cuento del maestro zen es muy bueno y recordarlo sirve de vacuna contra el triunfalismo y para poner los pies en la tierra para los que tienen la tentación de creerse los mejores después de haber ganado una batalla.

Saludos.