domingo, 16 de marzo de 2008

Irak, cinco años después


Ayer se cumplieron cinco años de las masivas manifestaciones contra la guerra en Irak. Esta semana llegará el quinto aniversario de la invasión. Este domingo el diario El País incluye dos reportajes de Ángeles Espinosa sobre la situación en Irak, que continúa siendo desoladora. Uno de los iraquíes entrevistados condensa en una sola frase el triste presente de su país: "Sin trabajo, sin futuro y sin esperanza". La ocupación ha destruido el país y dejado a la mayoría de sus habitantes en el desamparo. El reportaje sobre uno de los hospitales de Bagdad refleja claramente las consecuencias de la guerra y pone seriamente en duda las proclamas de los invasores acerca de la mejora de la situación en Irak:


En el hospital de los médicos mendigos

ÁNGELES ESPINOSA - Bagdad - 16/03/2008

El Centro de Cirugía Cardiológica Ibn al Bitar constituye un ejemplo de la capacidad de resistencia de los iraquíes. Sólo hay que mirar las fotos que el director, Husein al Hili, guarda en su ordenador. Los saqueos de abril de 2003 destruyeron aquella clínica, hasta entonces inevitablemente llamada Sadam Husein y que contaba con 250 camas y ocho quirófanos. Un mes después, el personal se reunía en asamblea y decidía sacarla adelante. Hoy funciona con 140 camas y cuatro quirófanos pese al abandono del Ministerio de Sanidad.

"Es el único centro de esta especialidad en todo Irak, atendemos a 80.000 pacientes de todo el país", declara orgulloso Al Hili, un especialista en gestión hospitalaria que procede del campo de la radiología. Pero el camino no ha sido fácil. "El saqueo fue peor que la guerra. A pesar de que había un carro aquí fuera, los soldados no hicieron nada para impedirlo", recuerda dolido. "Incluso compré armas para que los trabajadores defendieran las instalaciones, pero los asaltantes les redujeron y se las quitaron".

A raíz de aquello, una delegación de médicos fue a ver a las autoridades religiosas, chiíes y suníes, para que frenaran el descontrol y les ayudaran a recuperar los materiales robados. Pero las cosas no mejoraron mucho cuando regresó el orden. "En ningún momento hemos tenido un ministro capacitado para el cargo; todos los que han pasado por Sanidad desconocían su trabajo. Se lo he dicho a los estadounidenses, hemos sufrido una doble destrucción, la producida por la guerra y la causada por el ministerio", explica Al Hili.
No hace falta que él lo diga porque es vox pópuli que el control del ministerio ha sido un completo desastre. Aunque no se les ha condenado porque los testigos se retractaron, a principios de este mes se juzgó a dos altos cargos del mismo por utilizar la cobertura del ministerio para organizar y financiar el asesinato de suníes que buscaban atención médica en los hospitales públicos.

Ese clima de inseguridad y caos ha afectado sobre todo a las clases medias profesionales. Dos mil médicos han sido asesinados en los cinco años transcurridos desde la invasión y se estima que la mitad de los 34.000 que había registrados entonces han abandonado Irak. El 90% de los 180 hospitales del país carecen de los suministros básicos, lo que ha elevado las tasas de mortalidad infantil y materna. "Hasta ahora no hemos recibido absolutamente nada del ministerio. Se limitan a pagarnos nuestros salarios", asegura el director del Ibn al Bitar. ¿Cómo consiguen el material quirúrgico, las válvulas o las medicinas? "Mendigamos".

Al principio no fue así. Contaron con la ayuda del español Movimiento para la Paz, la Democracia y la Libertad (MPDL) y de la ONG francesa Première Urgence (financiados por la Oficina Humanitaria de la Comisión Europea, ECHO). Aún pueden verse sus pegatinas a la entrada de la clínica. "Incluso llegamos a firmar un acuerdo para el intercambio de doctores, de forma que nuestros especialistas pudieran formarse en España y Francia, y médicos de esos países venir a ayudarnos aquí".

Pero el agravamiento de la violencia a partir de 2004, ahuyentó de Irak a la mayoría de las organizaciones humanitarias. El Ibn al Bitar volvió a quedarse solo. "Tenemos muchas necesidades. Aún sobrevivimos con material procedente del programa de Petróleo por Alimentos. Hay gasas, compresas, agujas y otros básicos que están caducados, pero los esterilizamos y los utilizamos. No podemos desperdiciar ni un trozo de algodón", confía Al Hili.

A la vez, este hombre inasequible al desaliento tiene que luchar contra la corrupción que gangrena el país. Las medicinas más escasas y el instrumental nuevo se guardan bajo llave en su despacho. En tanto que centro estatal, el Ibn al Bitar no cobra a sus pacientes, pero uno de los entrevistados por esta periodista aseguró que una enfermera le había pedido dinero por una inyección que oficialmente no estaba disponible.

"Los estadounidenses, y esto también se lo digo a ellos, han destruido este país, no han hecho nada por nosotros y encima nos han traído a los terroristas", lamenta Al Hili, "por eso la gente, está convencida de que todo esto estaba planeado. No le encontramos otra explicación".

"No es que estemos peor que hace cinco años, es que estamos peor que hace un siglo, hemos vuelto a los tiempos de Abu Baker, hace 1.300 años", concluye dispuesto, a pesar de todo, a no tirar la toalla.


Sin trabajo, sin esperanza y sin futuro:


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