domingo, 25 de mayo de 2008

La industria del Holocausto


Norman Finkelstein es judío y sus padres fueron supervivientes de campos de concentración nazis. En el año 2000 publicó La industria del Holocausto, un libro que causó una oleada de indignación entre muchos judíos y que recibió críticas muy duras en EEUU por la tesis que defiende: el provecho que han obtenido determinados judíos con la explotación de su condición víctimas de la barbarie nazi durante la II Guerra Mundial. Finkelstein explica cómo durante más de veinte años el tema del exterminio de los judíos por los nazis no fue considerado relevante y cómo fue a partir de la Guerra de los Seis Días en 1967 cuando este asunto empezó a tomar protagonismo porque interesadamente se realacionó el asedio a Israel con el acoso al que sometieron los nazis a los judíos. A partir de entonces el holocausto comenzó a convertirse en un lucrativo negocio para algunos, que se convirtieron en "víctimas" profesionales, a las que recurrir siempre que se quisiese escuchar la versión oficial del Holocausto con mayúsculas, es decir, el relato que ha de transmitirse, del que se eliminan aspectos controvertidos que no conviene que se difundan, como la colaboración de determinados judíos con los nazis o que los judíos no fueron los únicos que sufrieron un exterminio calculado, sino que hubo otros, como los gitanos, los discapacitados, los homosexuales o los prisioneros políticos. En el libro también se analizan varios casos de falsas víctimas del nazismo que fueron avaladas por los "gurús" del Holocausto porque sus historias falsas concordaban con la versión "oficial", el tema de los museos conmemorativos del Holocausto y de los conferenciantes que obtienen sustanciosos ingresos difundiendo la historia que ha de ser recordada y las acusaciones de negacionismo a aquellos que se atreven a cuestionar alguno de los aspectos del relato oficial. Uno de los aspectos a los que se dedica más espacio son las indemnizaciones que los judíos han recibido de Alemania y otros países. Buena parte del dinero no ha ido directamente a las víctimas, sino a las organizaciones que se han atribuido su representación y el dinero no se ha destinado a lo que en principio se estableció, sino a otros proyectos. Se recuerda también la formidable campaña mediática orquestada a finales de la década de los 90 por las asociaciones judías, con la colaboración de algunos políticos de EEUU, contra los bancos suizos. Se acusó a los bancos suizos de haberse apropiado del dinero que ciudadanos judíos alemanes habían depositado en ellos y la presión que se ejerció sobre Suiza fue tan grande que finalmente se llegó a un acuerdo de indemnización multimillonario. Por supuesto, el fondo de las indemnizaciones quedó en manos de las organizaciones judías y difícilmente llegará a los particulares. Finkelstein descubre en La industria del Holocausto la inmoralidad de quienes han hecho del sufrimiento de miles de víctimas un negocio lucrativo y el doble rasero que aparece a la hora de valorar sucesos tan terribles como el exterminio judío, dependiendo de quiénes fueron los responsables. La industria del Holocausto es un libro necesario para ver más allá de una historia tantas veces repetida y descubrir las zonas de sombra que aparecen en ella. Finkelstein no niega el holocausto, pero lo circunscribe a la dimensión que tuvo: fue una experiencia que marcó la vida de los supervivientes, pero el hecho de haber sobrevivido no convirtió a todos ellos en seres excepcionales.

FINKELSTEIN, Norman G., La industria del Holocausto. Reflexiones sobre la explotación del sufrimiento judío, Ed. Siglo XXI, Madrid, 2002.

Reseña del libro:

2 comentarios:

Filípides dijo...

Hola Paqui. La realidad del conflicto está deformada por los medios de comunicación españoles, que lo han transformado en una lucha maniquea buenos-malos. Los pobres palestinos inocentes contra el judío malo amparado por el no menos malo gringo. Y la verdad está llena de grises. El palestino que entierra a su bebé existe, pero también el israelí que recoge los trozos de su hijo tras un atentado en una pizzería. Al cohete palestino, le sigue el misil judío, y a éste, el suicida con el cinturón de bombas en la guardería, y a éste, la excavadora protegida por el tanque.
El antisemitismo de la izquierda europea, es un residuo de la guerra fría, cuando el "bando árabe" era protegido por la URSS, y el judío por los USA.
Con todo respeto, a veces hay que dejar de ver la 4 y la Sexta y hablar con gente que vive allí.
Un saludo

Paqui Pérez Fons dijo...

Perdón, pero en esta entrada no se habla del conflicto palestino- israelí, sino de la tergiversación del holocausto por algunos judíos, que son los que hablan más alto y tienen más posibilidades de difundir su discurso.

Respecto a lo que tú comentas, está muy claro que en el bando palestino hay radicales y los atentados contra israelíes son condenables. Pero tú caes en la misma historia de siempre: acusar de antisemitismo a quienes critican el comportamiento del Estado de Israel. Es un recurso ya demasiado habitual, que oculta la falta de argumentos para justificar las atrocidades que se cometen contra los palestinos y recurre al holocausto para continuar con la victimización de los judíos y establecer una relación directa con el “acoso” a Israel.

Sobre la guerra fría, no sé si sabes que hasta 1967 el mayor apoyo a Israel provino de la URSS y sólo después de la Guerra de los Seis Días cambiaron las cosas. Y en ese cambio de estrategia tuvo mucho que ver el lobby israelí en EEUU. Las cosas no son tan simples como tú las presentas. He leído mucho sobre el tema y mis fuentes de información no son ni los servicios informativos de Cuatro ni los de la Sexta. No veo esos telediarios. Tal vez conozcas gente de allí, pero creo que deberías leer a Edward Said, a Amira Haas y desde luego, tendrías que leer el libro de Sylvain Cypel “Entre muros: la sociedad israelí en vía muerta”, un libro denso y muy documentado, escrito por un judío que es capaz de tratar con objetividad y profundidad un asunto enquistado, que no recurre a explicaciones simplistas y que critica lo que considera criticable, aun sabiendo que la mayoría de sus compatriotas le acusarán de antisemitismo, negacionismo y todas esas palabras que acaban en –ismo que salen de la boca de quienes prefieren cerrar los ojos y no ver una realidad que les devolvería una imagen bastante poco favorecedora de sí mismos. Saludos.