martes, 30 de septiembre de 2008

Izquierda




Recurro con frecuencia a los escritos de Enric González, pero casi siempre expresa ideas que se me pasan por la cabeza o que me invitan a pensar más sobre temas a los que ya había dedicado un tiempo. Su columna de hoy en el diario El País trata sobre la omnipresente crisis del capitalismo, la falta de alternativas por parte de quienes un día se calificaron de izquierdas y la perplejidad ante la ausencia de reacción de quienes se siguen identificando con lo que se considera izquierda. O los valores que antes defendía la izquierda han cambiado y quienes creíamos en ellos nos hemos quedado desfasados e incapaces de adaptarnos a los nuevos tiempos de materialismo generalizado o la izquierda ya no existe y no queda más remedio que dedicarse a otros menesteres. La conclusión vendría a ser que no queda más remedio que buscarse la vida como cada cual considere mejor. A eso vamos.

IZQUIERDA

Algunas guerras tienen un resultado confuso. La II Guerra Mundial la ganó Estados Unidos, pero también la ganaron, a más largo plazo, dos países vencidos como Alemania y Japón. El Reino Unido ganó, pero perdió. La Unión Soviética salió victoriosa del choque, pero no del siguiente conflicto planetario, la llamada guerra fría. A veces, cuando se produce una gran crisis, hay que esperar para saber quién sobrevive, quién saca ventaja y quién paga el pato.

Aún es pronto para conocer a los vencedores del actual colapso financiero. Todo apunta, de momento, a los bancos supervivientes y, en un sentido estratégico, a China. En cambio, el primer cadáver está ya en la cuneta, a la vista de todos. ¿Tienen alguna noticia de aquello que se denominaba la izquierda? No espero respuesta, porque los muertos suelen callarse.

El PSOE ya se ha apuntado al plan de Bush (con las oportunas correcciones demócratas), que, como saben, traslada al contribuyente la factura de los destrozos bancarios. Este mismo diario, que dentro de la industria del ramo tiende a alinearse en el flanco izquierdo, ha adoptado una posición similar. De Izquierda Unida no sé qué decir: en su página digital tienen colgado un texto, fechado en junio, en el que hablan del superávit presupuestario (que en paz descanse) y exigen movilizaciones con fines inconcretos.

La izquierda, antes, tenía un proyecto. Seguro que se acuerdan: el internacionalismo obrero, la nacionalización de la banca y la energía, la cogestión, ese tipo de cosas. Ahora estamos en el capitalismo con matices. Mercados, sí, pero "regulados". Ya ven. La regulación de los mercados es como el patrón oro: una idea extraordinaria para el siglo XIX.

Seamos honestos: quienes nos sentimos de izquierda, porque no creemos que el liberalismo proponga un sistema justo, estamos huérfanos. O quizá no. Quizá tenemos ya un montón de nuevas alternativas, pero no nos hemos enterado porque ningún diario habla de ello. La moda es el laicismo. El reparto de la riqueza ha dejado de interesarnos.

Miren, no nos preocupemos. Antena 3 estrenó el domingo pasado Sexy money, una historia de "lujos, corrupción, escándalos y secretos" en "una de las familias más ricas de Nueva York". Miremos, callemos y no le demos más vueltas.


La serie Dirty sexy money se emite en Antena 3 los domingos por la noche y cuenta con la participación de Donal Sutherland, Peter Krause (A dos metros bajo tierra) yWilliam Baldwin, entre otros. Más información en el siguiente enlace:

lunes, 29 de septiembre de 2008

Espejos. Una historia casi universal


Espejos. Una historia casi universal es el título del último libro de Eduardo Galeano. En él Galeano recupera la forma de narrar grandes historias en textos breves y realiza una crónica de la presencia de los seres humanos en el mundo, desde la Prehistoria hasta la actualidad. Sus relatos ofrecen una perspectiva diferente de los acontecimientos y la biografía de personajes importantes o centran su atención en personas desconocidas por la mayoría. Espejos nos devuelve una imagen distinta y más completa de nosotros mismos como especie y complementa y enriquece el relato de la historia oficial, donde casi nunca hay espacio para la gente común.

Espejos comienza con estas dos historias:



DE DESEO SOMOS

La vida, sin nombre, sin memoria, estaba sola. Tenía manos, pero no tenía a quién tocar. Tenía boca, pero no tenía con quién hablar. La vida era una, y siendo una era ninguna.
Entonces el deseo disparó su arco. Y la flecha del deseo partió la vida al medio, y la vida fue dos.
Los dos se encontraron y se rieron. Les daba risa verse, y tocarse también.
CAMINOS DE ALTA FIESTA

¿Adán y Eva eran negros?

En África empezó el viaje humano en el mundo. Desde allí emprendieron nuestros abuelos la conquista del planeta. Los diversos caminos fundaron los diversos destinos, y el sol se ocupó del reparto de los colores.

Ahora las mujeres y los hombres, arcoiris de la tierra, tenemos más colores que el arcoiris del cielo; pero somos todos africanos emigrados. Hasta los blancos blanquísimos vienen de África.
Quizá nos negamos a recordar nuestro origen común porque el racismo produce amnesia, o porque nos resulta imposible creer que en aquellos tiempos remotos el mundo entero era nuestro reino, inmenso mapa sin fronteras, y nuestras piernas eran el único pasaporte exigido.


Otras dos de las historias que más me han gustado:

HUMANITOS

Darwin nos informó que somos primos de los monos, no de los ángeles. Después supimos que veníamos de la selva africana y que ninguna cigüeña nos había traído desde París. Y no hace mucho nos enteramos de que nuestros genes son casi igualitos a los genes de los ratones.

Ya no sabemos si somos obras maestras de Dios o chistes malos del Diablo. Nosotros, los humanitos:

los exterminadores de todo,
los cazadores del prójimo,
los creadores de la bomba atómica, la bomba de hidrógeno y la bomba de neutrones, que es la más saludable de todas porque liquida a las personas pero deja intactas las cosas,
los únicos animales que inventan máquinas,

los únicos que viven al servicio de las máquinas que inventan,
los únicos que devoran su casa,
los únicos que envenenan el agua que les da de beber y la tierra que les da de comer,
los únicos capaces de alquilarse o venderse y de alquilar o vender a sus semejantes,
los únicos que matan por placer,

los únicos que torturan,

los únicos que violan.

Y también

los únicos que ríen,

los únicos que sueñan despiertos,

los que hacen seda de la baba del gusano,

los que convierten la basura en hermosura,

los que descubren colores que el arcoiris no conoce,

los que dan nuevas músicas a las voces del undo

y crean palabras, para que no sean mudas

la realidad ni su memoria.


SANGRE NEGRA

Era de cordero la sangre de las primeras transfusiones; y corría el rumor de que esa sangre hacía crecer lana en el cuerpo. En 1670 Europa prohibió las experiencias.
Mucho tiempo después, hacia 1940, las investigaciones de Charles Drew aportaron técnicas nuevas para el procesamiento y almacenamiento del plasma. En mérito a sus hallazgos, que salvaron millones de vidas durante la segunda guerra mundial, Drew fue el primer director del Banco de Sangre de la Cruz Roja en los Estados Unidos.
Ocho meses duró en el cargo.

En 1942, una orden militar prohibió que la sangre negra se mezclara con la sangre blanca en las transfusiones.

¿Sangre negra? ¿Sangre blanca? Esto es pura estupidez, dijo Drew, y se negó a discriminar la sangre.
Él entendía del asunto: era científico, y era negro.

Y entonces renunció, o fue renunciado.


GALEANO, Eduardo, Espejos. Una historia casi universal, Editorial Siglo XXI, Madrid, 2008.


Eduardo Galeano habla de su libro:

Un hatajo de rufianes y la jodida mariposa


Otro texto claro como el agua sobre la crisis que acecha, sus causas, sus responsables y sus consecuencias. Su autor es el periodista José María Izquierdo y se ha publicado hoy en la sección de opinión en el diario El País. En este caso, en lugar de mariposas agitando sus alas en un lugar del mundo, más bien habría que hablar de buitres avariciosos. Lo acompaño con la viñeta de Forges que resume bien a las claras quiénes serán los "paganos" de todo este embrollo.


UN HATAJO DE RUFIANES Y LA JODIDA MARIPOSA
JOSÉ MARÍA IZQUIERDO


José K. está de muy mal humor. Ha soportado con dificultad el progresivo e imparable avance mundial de tanto y tanto dirigente político ultraliberal, feroces enemigos de la presencia del Estado en la vida económica, encarnizados defensores de que sean los mercados quienes regulen la actividad financiera. Se ciscaban en el Estado del bienestar, esa antigualla, y desmantelaban con saña la sanidad o la enseñanza pública, el último reducto de los más desfavorecidos para curar un forúnculo o poder hacer el bachillerato. Contaban, además, con la complacencia, e imprescindible colaboración para el delito, de todos y cada uno de los gurús financieros y organismos internacionales, encargados, qué risa, de prever estas situaciones o vigilar y controlar el buen funcionamiento de los mercados. Ni Alan Greenspan ni Rodrigo Rato previeron ni vigilaron nada. Es más: José K. está convencido de que son ellos los culpables de haber construido ese mundo falaz e imposible que ahora se ha derrumbado.

¿Pero de verdad se ha derrumbado para todos? No lo cree nuestro amigo. Washington y los bancos centrales, es decir, los guardianes o hacedores de aquel mundo -que José K. ya no lo sabe- se han volcado en masa para salvar a las pobrecitas, ay, entidades financieras. Qué lástima Lehman, llora José K., qué pena tan grande Merrill, cómo viviremos sin AIG, clama nuestro buen amigo. Desde su punto de vista, ve con claridad el panorama: una caterva de impúdicos políticos salva la cara a una pandilla de sinvergüenzas. Aunque todavía le ronda un oscuro pensamiento que no acaba de dominar. Y es que lleva días mosqueado con una jodida mariposa que le dice lo siguiente: unos banqueros mamarrachos de Wisconsin u Omaha jugaron a una cosa que decidieron llamar subprime, y como consecuencia de ello, Paco García Pérez, carpintero y primo segundo de la vecina de José K., se ha quedado sin su empleo en Vallecas.
Así que hoy se ha acercado a su café preferido sumido en estos sufrimientos que le tienen en un sinvivir. Tanto y tanto se ha escrito sobre la crisis que cree que ya no hace falta recordar su génesis desde las hipotecas basura y su posterior desarrollo, hasta llegar a esta divertida situación de Bush haciendo de Olof Palme, al Partido Comunista Chino dispuesto a pujar por Morgan Stanley, y los fondos soberanos de los países del Golfo, que mientras nos escaldan con el petróleo, meten más y más dinero en Wall Street. Así que José K. ataca por los laterales. Premioso y cachazudo, ha doblado los periódicos tras una atenta lectura. El suyo de siempre, que cada vez está más reaccionario, dice, y otro económico del mismo grupo -no tiene remedio- para empaparse bien de la crisis, del desastre, del cataclismo, de la debacle que nos anega. Veamos las cosas que se aprenden leyendo los periódicos, repasa cejijunto, por lo reflexivo, nuestro amigo José K: un tal Richard Fuld, presidente de Lehman Brothers, corporación centenaria en la quiebra desde hace pocos días, va a cobrar unos 16 millones de euros, casi el triple de lo que cobra Raúl en el Real Madrid (y cómo se va a comparar...). También ha leído que John Tain, primer ejecutivo de Merrill Lynch, otra gran firma que también se ha quedado sin un centavo, podría llegar a cobrar más de 10 millones de euros. Daniel Mudd, consejero delegado y presidente de la hipotecaria Fannie Mae, se lleva 8 millones, y 15 Richard Sayron, su equivalente en la también equivalente Freddie Mac.

¿Y por qué motivos, se pregunta José K., van a cobrar estos importantísimos señores esas cantidades tan sustanciosas? Los expertos periodistas le dan la respuesta. El sacrificado Fuld, coleccionista de arte, jugador de squash y de golf, se llevará esos 2.000 millones y medio de pesetillas... ¡en concepto de indemnización! Es verdad que apenas si representan unas modestísimas migajas que sumar a su frugal menú: el sueldo anual que sufría el bueno de Fuld rozaba los 30 millones de euros, más las primas en millones de opciones sobre acciones. ¿Y Tain? Ah, John dispondría de esos 10 millones de euros si llegara a perder su puesto de trabajo -¡qué barbaridad, Dios no lo quiera!- tras tener que fusionarse su compañía con Bank Of America para salvarse de la ruina. Merrill es muy generosa: en octubre despidió a su presidente, Stanley O'Neal y le indemnizó con la módica cantidad de unos 110 millones de euros. José K. descarta, porque ya se ha quedado sin ganas, de seguir con Mudd y Syron, o Martin Sullivan (AIG) y James E. Cayne (Bear Stearns).

Pero de este ejercicio recreativo nuestro amigo saca sus consecuencias. A saber: sufrimos los efectos de los actos de rapiña de una pandilla de sinvergüenzas y rufianes que han llevado a sus empresas a la ruina y han puesto en jaque a todo el sistema financiero mundial mientras se embolsaban más y más millones de dólares con ejercicios tan delictivos como multiplicar los papelillos de hipotecas imposibles -papel del Monopoly- y venderlas por todo el mundo. Es lo más parecido a un delito reconocible por todos: hacer billetes falsos e intentar pasarlos como buenos en casinos y prostíbulos. Pero Fuld y los demás eran mucho más finos que los patanes de la mafia y sólo les vendían recortes de periódicos a bancos de medio mundo a precio de angulas. Era el timo de la estampita con marchamo de producto financiero para entendidos. Ya saben: no cuentes a mi madre que soy consejero delegado de un banco de Wall Street; dile que soy pianista en un burdel. Y a todo esto, ya casi grita José K., con la vena de siempre en la frente, tenemos a la jodida mariposa revoloteando a nuestro alrededor y tocando los mismísimos con su efecto, y dejando en la calle al primo segundo de su vecina.

Con todo, lo que más le indigna es con qué facilidad presidentes y secretarios del Tesoro han encontrado ahora cerca de un millón de millones en las arcas del Estado, cuando jamás hallaban unas pesetillas para mejorar las becas, para dar casa a los damnificados por el Katrina, para atender a los homeless o para cargarse de un plumazo con el insulto de socialista cualquier proyecto de universalizar la atención sanitaria. Y eso que no quiere entrar José K. en las desigualdades mundiales y la miseria en el Tercer Mundo, para el que las mismas instituciones nunca, nunca, encontraban el dinero para la ayuda. No se le mueve un pelo de la barba a José K. para mantener vivo, en estas circunstancias y porque cree en ello, su ya conocido discurso del elogio del panfleto y la reivindicación de la demagogia.

¿Y aquí? ¿Qué pasa por aquí? Aquí, dice, tenemos a un Gobierno escasamente dotado para las grandes decisiones bajo el mando de un presidente ensimismado en su optimismo panglossiano, absorto en el vuelo de la famosa mariposa -es culpa de ellos- y que no quiere ver nuestra enorme aportación indígena a la crisis en forma de racial mosca o abejorro de cuidado: la construcción. También tenemos a una oposición que duda entre la nada más absoluta de un Mariano Rajoy tan brillantemente vacío de propuestas, o la aspirante Esperanza Aguirre, enfangada hasta las cachas en ofrecer las mismas recetas ultraliberales que están llevando a la ruina al sistema que adora, FAES Dios mediante.

Todo será distinto después de esta crisis, dicen ahora los analistas. José K., claro, no se lo cree. Al menos hasta que la mariposa rebote con el efecto de devolver el empleo a Paco García Pérez, el carpintero, etcétera. Nuestro hombre es sabio. Y triste, muy triste, piensa que, desgraciadamente, el que acertaba era el presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, cuando pedía un paréntesis en la economía de mercado. O sea: sálvennos con el dinero de todos los contribuyentes, que luego volveremos los ultraliberales y defensores del mercado a lo nuestro. ¿Sería una deducción exagerada, se pregunta José K., si a lo suyo se le denomina ejercer de depredadores sin vergüenza como John, como Stanley, como Dick, como Daniel, como Richard?

domingo, 28 de septiembre de 2008

Tropic thunder. Una guerra muy perra


El cómico Ben Stiller dirige y protagoniza una ácida película que se ríe del star system de Hollywood y de las películas bélicas. Junto a él aparecen un grupo de grandes actores capaces de reírse de sí mismos y del papel que habitualmente se les ha asignado en la industria del cine en EEUU. La historia es la siguiente: un gran estudio produce la película de guerra más cara de la historia con un guión basado en las experiencias de un veterano de la guerra de Vietnam (Nick Nolte). El director es un novato británico procedente del teatro, que se ve en problemas a la hora de lidiar con las estrellas de la película: un actor intenso, de método (Robert Downey Jr), un actor cómico politoxicómano (Jack Black), una megaestrella del hip hop que genera ingresos millonarios en publicidad (Brandon T. Jackson), un joven actor desconocido (Jay Baruchel) y un actor encasillado en películas de acción que atraviesa horas bajas en su carrera tras intentar convertirse en un actor de los considerados "serios" (Ben Stiller). El rodaje se complica y el director decide cambiar de planes para conseguir meter en vereda a sus estrellas, con la ayuda del responsable de efectos especiales de la película. Los amantes del cine descubrirán un montón de parodias de situaciones de películas de guerra, al tiempo que se arremete con ingenio contra todas las instancias de la industria del cine: los productores avariciosos y sin escrúpulos (representados por un sorprendente Tom Cruise), los reprensentantes de las estrellas y su séquito de asistentes, los programas de cotilleos que despedazan a sus "presas", el sistema de cuotas raciales en las películas y, especialmente, los tópicos sobre los actores, es decir, las invisibles líneas que delimitan lo que cada uno está capacitado para hacer y aquello para lo que nunca pensarán en ellos. Ben Stiller aborda con humor otros temas, como la soledad de las estrellas, la imagen pública de los actores, en ocasiones muy alejada de su verdadera personalidad, sus inseguridades y su eterna búsqueda del aplauso del público. Y todo ello lo hace de forma divertida, con lo que Tropic Thunder es mucho más que una película de humor. Es una película muy inteligente, en la que un grupo de grandes actores se ríen de sí mismos al mismo tiempo que se ríen de la industria que les ha convertido en lo que son. Lo que podría pasar como una simple comedia es una aguda carga de profundidad contra la fábrica de sueños de Hollywood, un memorable ajuste de cuentas de principio a fin.

Sinopsis y críticas:



El ejemplo del koala



Este domingo Enric González escribe sobre un curioso animal, el koala, que a fuerza de restringir sus movimientos y su alimentación, ha acabado evolucionando hacia atrás y es en la actualidad mucho más torpe que sus antepasados. González compara la evolución hacia peor de los koalas con la que experimentamos los seres humanos cuando nos contagiamos del fanatismo y practicamos la exclusión hacia aquellos que piensan de forma diferente. En ese sentido, se confirma lo mucho que compartimos con especies aparentemente muy alejadas de nuestro sendero evolutivo.

EL EJEMPLO DEL KOALA

ENRIC GONZÁLEZ
El koala parece feliz. Quizá lo es. Mírenlo: una monada. Y, sin embargo, podemos catalogarlo como el mamífero más lamentable del planeta. En ciertos aspectos, muestra rasgos que sugieren un alto nivel evolutivo: sus huellas digitales (un elemento raro en la naturaleza) son casi indistinguibles de las humanas. Pero, y eso también es raro, está en regresión. Evoluciona al revés. Cada generación es un poquito más imbécil que la anterior.

Hace unos veinte millones de años, el koala, marsupial arbóreo y herbívoro, vivía en las selvas australianas, alimentándose de hojas muy diversas. Cuando el clima empezó a enfriarse, las selvas fueron reemplazadas por bosques de eucaliptos. ¿Han probado una hoja de eucalipto? No lo hagan. Es correosa, tóxica y apenas proporciona alimento. Muchísimas especies se extinguieron con la llegada del eucalipto. Otras buscaron nuevos lugares para establecerse. El koala, no. El koala prefirió adaptarse y conformarse con lo que había. Desde entonces, su vida ha ido convirtiéndose en una auténtica porquería.

Para arreglárselas con la nueva dieta y digerir las hojas de eucalipto, el koala desarrolló una especie de microbio estomacal. Pero eso lo hizo entonces, cuando poseía la inteligencia que puede esperarse de un mamífero. Ahora, el microbio se transmite por la vía más fácil: a partir de los seis meses, y hasta que cumple un año, el koala pasa gran parte de su tiempo amorrado al ano de su madre, sorbiendo un tipo de excremento rico en microbios. En este caso, como en otros, la infancia define la vida.

Una vez adulto, el koala puede dedicarse ya a masticar hojas de eucalipto. Dedica a ello unas cinco horas diarias. Luego necesita una siesta de unas 18 horas, para que actúe el microbio intestinal. El animalito es altamente irritable mientras come: ni se le ocurra tocarlo. También es irritable mientras digiere. En eso se le va prácticamente toda la jornada: come, digiere y se cabrea. No hay tiempo para más.

La dieta de eucalipto, muy pobre en proteína y en cualquier otro elemento nutritivo, ha provocado un progresivo empequeñecimiento del cerebro. Los fósiles demuestran que, antes, en la época selvática, el cráneo del koala estaba lleno de masa cerebral. Ahora, el cerebro es como una nuez pequeña, con dos lóbulos desconectados entre sí, flotando en fluido. El koala viene a pesar entre 5 y 12 kilos. Su cerebro supone el 0,2% de esa masa corpórea. Si el humano hubiera seguido la tendencia regresiva del koala, ahora, en lugar de poseer un cerebro de 1,4 kilos, tendría uno de 100 gramos. Aún hay tiempo para conseguirlo. Sólo es cuestión de perseverar.

No creo que haga falta comer todos los días medio kilo de hojas, como el koala, para convertirse en un imbécil. Quizá sea posible conseguir el mismo efecto con unas cuantas ideas, masticadas durante años y años. Se podría empezar con un par de conceptos básicos, patria y nación, tan correosos, tóxicos y carentes de proteína como el eucalipto. Al cabo de un cierto tiempo, más o menos largo, según los casos, el aspirante a koala nota los efectos iniciales: una sensación de pertenencia intensa a un grupo, y de diferencia respecto a otros grupos. El siguiente paso será una inefable sensación de superioridad respecto a otros grupos. Lo principal ya está hecho.

Pero no hay que conformarse con eso. Es necesario encontrar un equivalente al microbio que el koala chupa del ano materno. Ahí nos valdría, quizá, algo más tenue que un concepto. Como, por ejemplo, lo que algunos llaman "fidelidad ideológica". Recuerden, sobre todo, que no hablamos de principios y ética, o moral: si se tiene de eso, resulta casi imposible convertirse en koala. No, aquí nos referimos a esos prejuicios sectarios que nos llevan a votar a un partido, o a comprar un periódico, o a ver una cadena de televisión, con un único fin: que refuercen nuestros prejuicios; es decir, que nos mantengan firmes en el punto de partida y no intenten inocularnos la funesta manía de pensar.

Cuando, para nosotros, los buenos sean siempre los mismos y lo hagan siempre bien, y los malos sean siempre los mismos y lo hagan siempre mal; cuando nos moleste la duda; cuando seamos incapaces de percibir nuestra propia ignorancia; cuando nuestro mecanismo mental se limite a conjugar el "yo", el "nosotros" y el "ellos", lo habremos conseguido. Basta ponerse a ello. Vocación no nos falta.

jueves, 25 de septiembre de 2008

Las lecciones de la historia


En este texto, publicado hoy en el diario El País, el profesor Gabriel Tortella incide en un hecho que parece olvidarse constantemente: la existencia de ciclos económicos en los que las crisis siempre suceden a épocas de bonanza y alegría inversora. Tortella recuerda la facilidad con que se olvida el pasado o más bien lo poco que interesa la historia, un hecho que lleva a cometer una y otra vez los mismos errores y a confirmar la idea de que somos una especie condenada a tropezar con la misma piedra no una, sino miles de veces. Las lecciones de la historia rara vez son escuchadas y aprovechadas.


CRISIS, CICLOS E HISTORIA

GABRIEL TORTELLA

Para una persona con unos cuantos años encima y alguna lectura de Historia, la presente crisis tiene algo de monótono, de repetitivo, de déjà vu. Las crisis y los ciclos son, su nombre lo indica, recurrentes: aparecen periódicamente, cada cierto número de años.

Hay muchas teorías de por qué la economía crece de manera cíclica y no de manera continua; es decir, por qué, aunque la tendencia sea creciente, se producen altibajos periódicos.

Yo voy a proponer aquí una variante de las que se llaman "teorías psicológicas del ciclo". Yo afirmo que las fluctuaciones económicas se deben a que la gente no sabe Historia; se trata de una variante del conocido aforismo de George Santayana, no por manido menos atinado: "Los que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo".

La mayor parte de los seres humanos se comporta como si el presente fuera a durar indefinidamente: más técnicamente, extrapolan el presente hacia el futuro. Las decisiones económicas se toman como si el futuro fuera a ser una simple continuación del presente, lo cual implica pensar que la economía va a evolucionar de manera continua y no cíclica. Y esto es, precisamente, lo que causa los ciclos: que no se cree que vayan a tener lugar. En economía a menudo las expectativas se cumplen por sí mismas. Pero en otros casos, como en éste, se produce el efecto contrario: las expectativas, a la larga, se tornan contra sí mismas. La razón es sencilla, y la historia está llena de ejemplos: si las acciones suben en Bolsa, los ahorradores suponen que las subidas van a continuar, y compran; las compras hacen subir las cotizaciones, por lo que las expectativas se cumplen y aumentan los ahorradores deseosos de comprar. Las cotizaciones siguen subiendo; pero llega un momento en que los dividendos resultan insignificantes ante el precio de las acciones: los ahorradores dejan de comprar y las cotizaciones caen. Los accionistas suponen que van a seguir cayendo, y venden, lo cual hace que, en efecto, sigan cayendo. Ya tenemos aquí un ciclo económico. Este ejemplo simplificadísimo se puede dar igualmente en el mercado inmobiliario, en el de las materias primas y hasta en el de las flores (es famosa la burbuja de los tulipanes en la Holanda del XVII). El fenómeno se viene dando desde tiempo inmemorial; ya en años bíblicos, el casto José interpretó el sueño de las vacas gordas y las vacas flacas del faraón como una premonición del inminente ciclo económico.

Resulta sorprendente, sin embargo, que personas que, si no la Biblia, sí debieran al menos conocer la historia reciente, se sorprendan ante la llegada de una nueva crisis. Cierto es que éstas cada vez revisten una forma algo diferente de la anterior; pero en esencia el mecanismo es siempre el mismo. Sin embargo, los agentes económicos, incluso los especialistas, incurren una vez tras otra en la ilusión de creer que por fin se ha dado con la fórmula mágica del crecimiento continuo. Así ocurrió hace ocho años con la crisis de las empresas tecnológicas (las famosas puntocom), hace 16 con el Sistema Monetario Europeo (que se pensó que era algo milagroso que garantizaba la estabilidad de las equivalencias monetarias aunque divergieran los niveles de inflación), etcétera.

Pero la gran pregunta es: ¿cuánto va a durar esta crisis? ¿Dice algo la Historia sobre eso? Lo único claro es que puede durar 10 años, como duró la "crisis del petróleo" de mediados de los setenta a mediados de los ochenta, o la "Gran Depresión" de los años treinta, o la crisis japonesa de los noventa. Cierto es que las más recientes que antes cité duraron menos, unos dos o tres años. Pero esta crisis lleva visos de ser duradera a nivel internacional porque existen graves incertidumbres acerca de los precios relativos de productos tan importantes como el petróleo y los alimentos, porque esta larga década precedente de bajos tipos de interés ha estimulado inversiones en sectores cuya viabilidad está ahora en entredicho y porque, tras las recientes catástrofes bolsísticas, llevará mucho tiempo reconstruir un sistema internacional de crédito, hoy en ruinas.

En contra de las afirmaciones optimistas de algunos políticos (cada vez menos), la perspectiva para España no puede ser halagüeña, en gran parte porque, incomprensiblemente, el Gobierno del partido socialista no ha sido consecuente con los diagnósticos que sus más distinguidos economistas habían hecho cuando estaban en la oposición, afirmando que el crecimiento económico basado en la construcción inmobiliaria estaba abocado tarde o temprano a una crisis como la que hoy padecemos. Y, sin embargo, una vez en el poder, muy poco se hizo para prevenir una crisis lúcidamente anunciada: ni frenar el gasto para aumentar el superávit en tiempos de bonanza, ni reformar las estructuras distributivas para mejorar la competitividad y moderar los precios, ni modernizar los centros de enseñanza superior e investigación para librarnos de la dependencia tecnológica y mejorar la productividad. El casto José fue más previsor.

Si queremos una recomendación eficaz para paliar futuras crisis, aquí va una: estudiar más Historia. Tiene mucho que enseñarnos.


Explicación de los ciclos económicos:

Para ellos nunca hay dinero


Como señala hoy Gustavo Duch Guillot, presidente de Veterinarios sin Fronteras, en una breve carta al director del diario El País, todos acuden raudos al llamamiento para salvar a los bancos y compañías que hicieron apuestas arriesgadas. Pero nadie se acuerda de las verdaderas víctimas del capitalismo salvaje. Lo contrario sí habría sido una novedad.

CAPITALISMO Y HAMBRE
GUSTAVO DUCH GUILLOT

Salvar el capitalismo viene a costar unos 700.000 millones de dólares. ¿Cuánto cuesta salvar a los condenados por el capitalismo?: aproximadamente la mitad de la mitad de la mitad de la mitad. Es decir, con unos 30.000 millones de dólares anuales, la Organización Mundial de la Alimentación calcula que se podría garantizar la alimentación de los países más golpeados por la crisis alimentaria actual.


Artículos de Gustavo Duch Guillot:

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Derribos Bush y Compañía

DERRIBOS BUSH Y COMPAÑÍA
"Y por unos 700.000 millones más, podemos completar el trabajo"


El dibujante Pat Oliphant retrata el legado que George W. Bush y compañía dejan a su país y al mundo: un montón de ruinas en todos los terrenos. En la esquina derecha aparece un personaje que simboliza a los tiburones de Wall Street, que también añade su granito de arena a la creciente pirámide de escombros, aunque, por descontado, su "contribución" no es gratuita: 700.000 millones de dólares que pagaremos entre todos.

Se lo seguirán llevando crudo


Hace falta haber bebido o ser muy ingenuo para creer que los responsables de la megacrisis financiera a la que nos enfrentamos sufrirán algún tipo de castigo por sus inversiones arriesgadas y las burbujas que contribuyeron a inflar. En el mundo de hoy se puede hundir el sistema financiero internacional y al mismo tiempo forrarse o "llevárselo crudo". Lo primero que hacen los directivos de las grandes empresas, los grandes bancos y las sociedades de inversión es blindar sus contratos y asegurarse de cobrar sustanciosas indemnizaciones si las cosas se tuercen. ¿Por qué no se les exige que respondan con su patrimonio para cubrir los agujeros que han creado? ¿Por qué debemos ser los demás quienes carguemos con el resultado de sus imprudencias? Como de costumbre, son preguntas sin respuesta.

La pasta que se llevan los directivos de los bancos que han quebrado:

martes, 23 de septiembre de 2008

Cenizas de fútbol




Esta temporada Enric González vuelve a escribir sobre fútbol cada lunes en las páginas del diario El País. Después de sus magníficas Historias del calcio, Enric González recupera viejas historias del deporte rey en una serie de artículos titulada Cenizas de fútbol, que gustarán incluso a quienes no son aficionados al fútbol. Sus crónicas no hablan sólo de fútbol, sino de la vida, como la del pasado lunes, sobre Fritz Walter, un futbolista ejemplar no sólo en el campo, sino también fuera de él.




EL HOMBRE QUE PREFERÍA LA LLUVIA
ENRIC GONZÁLEZ

Franz Beckenbauer sólo aparca su arrogancia cuando menciona a Fritz Walter. Ésas son palabras mayores: Fritz Walter.

Beckenbauer, por entonces capitán de la selección alemana, invocó al mito el 3 de julio de 1974, minutos antes de que comenzara la semifinal contra Polonia. Puede parecer curioso, pero los alemanes temían más a los rapidísimos polacos que a los holandeses de Cruyff. Diluviaba sobre Frankfurt y parecía obvio hablar de Walter: decir “hace tiempo de Fritz Walter”, en alemán, significa que llueve. Pero había mucho más. Se cumplían casi exactamente 20 años de la final de Berna, y Fritz Walter, el campeón más grande, iba a ver el partido. Beckenbauer reunió a sus compañeros y les habló de Fritz Walter.

 
Fue un futbolista excepcional, una fiera en cualquier zona del campo. Un Di Stefano, según quienes le vieron. Fue el hombre que dio a Alemania la Copa del Mundo de 1954, con aquella increíble final de Berna contra la gran Hungría. Llovía en Berna, y eso, evidentemente, ayudó.
 
Pero la grandeza de Fritz Walter superó una simple final, o una simple carrera deportiva. Fue la grandeza de una vida extraordinaria.

 
Debutó con el Kaiserslautern, el equipo de su ciudad, a los 17 años. A los 19, en 1940, vistió la camiseta internacional en un encuentro amistoso contra Rumanía. Ya había estallado la guerra y la Alemania nazi organizaba partidos con sus aliados. Luego se acabó el fútbol. Fritz Walter fue reclutado, asignado a las fuerzas paracaidistas y lanzado sobre la frontera entre Hungría y Eslovaquia. Le hicieron prisionero y le internaron en un campo de concentración, donde contrajo la malaria. Ésa es la razón, bien conocida, de que no pudiera soportar el calor del sol (le subía la fiebre) y prefiriera la lluvia.

Durante el cautiverio, jugó algún partidillo de fútbol con los guardianes húngaros. Cuando llegaron los rusos, para llevarse a los alemanes a un gulag soviético, los guardianes afirmaron que Walter era austríaco. Y le salvaron la vida. Volvió a su país, volvió al fútbol, dio dos ligas (1951 y 1953) al Kaiserslautern y capitaneó la selección de 1954. Venció a los húngaros, pero no les olvidó.
 
Dos años después, en 1956, los tanques soviéticos tomaron Hungría mientras la selección andaba de gira. Los jugadores se negaron a volver, e iniciaron un triste peregrinaje por Europa occidental: Puskas, Czibor, Kocsis, Hidegkuti y compañía se convirtieron en los Globetrotters del fútbol de posguerra. ¿Saben quién les organizaba amistosos y les prestaba dinero? Fritz Walter, que con casi 40 años seguía siendo el capitán del Kaiserslautern y de Alemania.
 
Después de la retirada, sin apenas ahorros, declinó las ofertas para convertirse en técnico o directivo. Eligió trabajar en la rehabilitación de presos. Poco antes de morir, en 2002, afirmó que su vida había sido “absolutamente feliz”.
 
Piensen, por favor, en Fritz Walter cuando llueva sobre el césped. O cuando un futbolista multimillonario se queje por cualquier cosa.


Las historias de la serie Cenizas de fútbol publicadas hasta ahora:


lunes, 22 de septiembre de 2008

Los verdugos y las víctimas


Laurence Rees ha trabajado durante las últimas décadas como productor y director de documentales históricos en la BBC. Uno de sus últimos trabajos fue el documental dramatizado Auschwitz, los nazis y la solución final. Mientras buscaba material para sus trabajos, Rees tuvo la oportunidad de entrevistar a muchos supervivientes de la Segunda Guerra Mundial. Una de las preguntas que le asaltaron en estas entrevistas fue cómo habría actuado él si se hubiese encontrado en situaciones parecidas a las que vivieron quienes participaron en la guerra o sufrieron sus consecuencias. En el libro Los verdugos y las víctimas Laurence Rees recoge los testimonios de 35 personajes que vivieron durante la Segunda Guerra Mundial y lograron sobrevivir de maneras muy distintas. Sus historias llamaron la atención del autor, que decidió publicarlas con el fin de arrojar un poco más de luz sobre los distintos comportamientos que se dieron durante la guerra. En Los verdugos y las víctimas aparecen testimonios de presonas de diversos países y tradiciones culturales: gente con remordimientos y sin ellos, de gente profundamente trastornada por lo que les tocó vivir, de fanáticos, de héroes que resistieron cuando la mayoría se dejó arrastrar, de personas con un sentido extremo del honor que les llevó a comportarse de forma incomprensible, de gente que se limitó a obedecer sin hacerse preguntas y no quiso ver las barbaridades que se cometían a su alrededor, de personas que traicionaron su juramento de no dañar a otros, de gente que cometió atrocidades durante la guerra y pudo seguir viviendo después sin grandes trastornos y de otros que estuvieron al borde del suicidio y lograron sobrevivir. Sus testimonios acerca del pasado tienen total vigencia en el presente y, desafortunadamente, también para el futuro. Probablemente continuaremos viendo hechos similares a los relatados en el libro en cada guerra, porque la violencia desata los más bajos instintos de las personas, aunque sea la violencia planificada y dirigida de las contiendas bélicas. Además de las entrevistas, lo más valioso del libro son en mi opinión las reflexiones del autor sobre la naturaleza humana, sobre las disyuntivas que plantea la guerra y cómo hace aflorar a la superficie casi siempre lo peor de las personas y lo mejor sólo en contadas ocasiones. Lo dice Toivi Blatt, superviviente del campo de exterminio de Sobibor acerca de lo que aprendió allí: "Nadie conoce a su prójimo (...) Nadie conoce a nadie. Cualquiera puede ser bueno o malo, según la situación. a veces, cuando estoy con alguien que se comparta con mucha amabilidad, me pregunto: ¿cómo habría sido este sujeto en Sobibor?"


REES, Laurence, Los verdugos y las víctimas. Las páginas negras de la historia de la Segunda Guerra Mundial, Editorial Crítica, Barcelona, 2008.

Sinopsis:

domingo, 21 de septiembre de 2008

Miles de muertos y miles de millones después


- "!Me han hecho siete bypasses, me han extirpado el bazo, el riñón y medio pulmón, me han puesto tres rondas de quimio, pero he sobrevivido!

- "Vale, pero estabas en la habitación equivocada. Llevas muchos años de retraso para la operación real .

Espero que no hayas pagado por todo eso. "


Tom Toles aborda en su viñeta de hoy el tiempo perdido en Irak, cuando los verdaderos retos se encuentran en Afganistán y Pakistán. Al Qaeda sigue haciéndose fuerte en estos dos países y tratando de sembrar el caos con bombas para conseguir sus apocalípticos objetivos. Ayer un nuevo atentado en Pakistán demostró que, siete años después del 11-S y de la invasión de Afganistán, las cosas siguen tan mal como entonces y la "guerra contra el terror" se ha cobrado miles de víctimas y ha dilapidado miles de millones de euros y dólares sin resultados palpables. Irak nunca tuvo nada que ver con Al Qaeda. El problema estaba y sigue estando en Afganistán y Pakistán.


Atentado de ayer en Islamabad:


Amarillo, rosa y oro




En menos de 14 meses Alberto Contador ha inscrito sus nombre con letras mayúsculas en la historia del ciclismo. Sólo cuatro grandes ciclistas habían conseguido ganar las tres grandes carreras de tres semanas, el Giro, el Tour y la Vuelta: Jacques Anquetil, Eddy Merckx, Felice Gimondi y Bernard Hinault. El veto de los organizadores del Tour de Francia al equipo Astaná permitió a Contador no sólo disputar el Giro, sino ganarlo. Quedaba la Vuelta y Contador ha vuelto a dar espectáculo en la montaña y administrar la ventaja en las etapas contrarreloj rindiendo a un gran nivel. Sorprende la madurez de un corredor tan joven y se agradece la alegría que ha devuelto al ciclismo. El año próximo, con el regreso de Armstrong al Tour, se prevé un gran espectáculo y seguro que una buena parte de él vendrá de las piernas de Alberto Contador. No hay que perdérselo.

sábado, 20 de septiembre de 2008

McMafia.El crimen sin fronteras


El periodista de la BBC Misha Glenny ha realizado un escalofriante recorrido por las redes del crimen organizado de distintos lugares del mundo. Glenny relaciona el extraordinario aumento del negocio criminal con el final de la guerra fría y el desarrollo de una globalización incompleta, que ha favorecido la proliferación de actividades delictivas y el incremento de las ganancias resultantes del tráfico ilícito de un sinfín de productos y "servicios". La globalización económica ha permitido que las transferencias de capitales se desarrollen sin apenas restricciones, mientras que, al mismo tiempo, siguen existiendo barreras a la libre circulación de personas y subvenciones que protegen los productos de los países desarrollados e impiden que los productos de los países menos ricos puedan penetrar en los mercados del primer mundo. Estas imperfecciones de la globalización convierten en muy rentables un buen puñado de negocios ilícitos, que proporcionan amplios márgenes de beneficios a los grupos delictivos que los desarrollan.

Las investigaciones de Misha Glenny abarcan un amplio espectro de grupos mafiosos y de negocios subterráneos. Los primeros capítlos del libro están dedicados a los países de Europa del Este, los Balcanes y Rusia, donde el tránsito del sistema comunista al capitalismo se llevó a cabo de forma salvaje y claramente perjudicial para la mayoría de sus sufridos habitantes. En los países de Europa del Este el hundimiento del sistema comunista condujo a la alianza de antiguos miembros de los servicios de seguridad con antiguos funcionarios del Estado, que se pusieron de acuerdo para saquear los bienes estatales. En Rusia, el expolio tuvo como consecuencia la aparición de los llamados oligarcas y de diversos grupos mafiosos, que aprovecharon el caos económico para ocupar espacios que el Estado había abandonado. Y en los Balcanes las guerras de independencia yugoslavas se financiaron con dinero obtenido de actividades ilícitas. Allí también quedó demostrado que en asuntos de negocios no existen enemigos. Glenny explica cómo mientras serbios, croatas y bosnios se mataban en los frentes, colaboraban en negocios sucios sin ningún tipo de problema. También relata cómo las sanciones internacionales de la ONU a Serbia, lejos de ser eficaces, contribuyeron a la proliferación del contrabando y reportaron extraordinarios beneficios a los mafiosos y sus socios políticos.

Glenny reseña cómo los mafiosos siempre encuentran lugares donde refugiarse, donde los controles son menos estrictos o los servicios de seguridad prefieren hacer la vista gorda o tienen otras preocupaciones. Así ocurre en lugares como Israel, convertido en refugio de varios mafiosos rusos, o en Dubai, un centro de lujo obsceno en los Emiratos Árabes Unidos, donde campan a sus anchas criminales de la India o Pakistán.

El viaje de Glenny abarca todos los continentes. En Asia comprueba como los grupos delictivos combinan negocios ilegales con inversiones en negocios legales donde blanquear sus ganancias. Éste es el caso de la yakuza, la mafia japonesa, o la nueva mafia china. En África Glenny se detiene en Sudáfrica, donde han florecido bandas criminales especializadas en tráfico de drogas, o en Nigeria, líder mundial en estafas sin violencia. También indica cómo las guerras que salpicaron el continente, como la de Angola o la interminable conflicto del Congo, se financiaron con tráfico ilícito de minerales, madera o diamantes. En el continente americano Glenny analiza a los cibercriminales brasileños y a los productores de droga en Colombia y en la Columbia británica (Canadá). El estudio del tráfico de drogas le sirve para dictaminar el fracaso de la guera contra las drogas emprendida hace años por el gobierno de EEUU. La destrucción de plantaciones y la detención de vendedores a pequeña escala sólo han servido para mantener elevados los márgenes de beneficio de los narcotraficantes, lo cual continúa haciendo lucrativo el negocio. Glenny aboga por otro tipo de políticas para frenar el problema de las drogas, entre las que se encuentran la legalización y el trabajo social en los contextos degradados para dotar a sus habitantes de otras alternativas.

McMafia analiza negocios ilegales tan insólitos como el contrabando de caviar en el Mar Caspio o las falsificaciones de todo tipo de productos en China. Los criminales se aventuran en cualquier campo que pueda proporcionarles amplios beneficios: tráfico de mujeres para prostitución, tráfico de drogas, contrabando de tabaco, servicios de protección, tráfico de trabajadores,... A mi parecer una de las conclusiones más acertadas del libro es la siguiente: si no existiese demanda de los "servicios" que proporcionan los criminales, sus negocios no serían tan rentables y tal vez no se dedicarían a ellos. Si no existiese gente que compra drogas o tabaco de contrabando o falsificaciones de productos o gente que contrata prostitutas o trabajadores esclavos sin preguntarse por su procedencia o la situación en que se encuentran, no habría "mercado" para las "mercancías" de los criminales. Las mafias aprovechan la falta de escrúpulos de los clientes a los que sirven y quienes colaboran con los grupos criminales comprando o utilizando los productos que ofrecen son tan culpables como ellos. En un mundo dominado por la hipocresía tanto en las relaciones personales como en las relaciones laborales, políticas e internacionales, es muy lógico que existan tantos grupos de criminales organizados que aprovechan la falta de moralidad generalizada para enriquecerse. McMafia retrata este mundo y sus ramificaciones. Es un libro muy interesante e inquietante y, por tanto, necesario para conocer mejor la realidad menos aparente del mundo contemporáneo.


GLENNY, Misha, McMafia. El crimen sin fronteras, Editorial Destino, Barcelona, 2008.

Ficha del libro:

jueves, 18 de septiembre de 2008

Más sobre la hipocresía de los especuladores

!Espere! Déjeme volver a recoger mi cuadro de punto de cruz con el lema
"El gobierno no es la solución, el gobierno es el problema"
Tom Toles: Déjele volver.

Otra viñeta de Tom Toles sobre lo bien que les está viniendo el dinero de todos a los defensores del libre mercado, las privatizaciones y la mínima intervención de los gobiernos en la economía. Ellos especulan, se enriquecen sin escrúpulos y, cuando sus arriesgadas apuestas salen mal, se acuerdan de las instituciones públicas para que les saquen del atolladero. Y lo peor es que no hay otra solución si se quiere evitar una catástrofe aún mayor.

martes, 16 de septiembre de 2008

Bancos en quiebra


Dos buenos apuntes sobre la quiebra del banco de inversiones Lehman Brothers y el caos crediticio que nos acecha desde hace más de un año. Por un lado, la viñeta de Forges de hoy, que recoge aquello de lo que se estarán acordando estos días muchos de los afectados por la bancarrota de Lehman Brothers. Y por otro lado, el análisis de Enric González sobre el canibalismo del sistema financiero y la implacable crueldad de los bancos que logran sobrevivir a la crisis. Sus reflexiones me recuerdan los cínicos argumentos de Milton Friedman, el cerebro gris de la Escuela de Chicago, sobre la oportunidad que suponen las crisis para aquellos que no tienen escrúpulos para aprovecharse de ellas.


BANCOS
ENRIC GONZÁLEZ

Salvo por el mezquino, estéril y efímero (pero muy gozoso) placer de asistir a la caída de una de las instituciones más arrogantes y despiadadas del mundo, la quiebra de Lehman Brothers sólo puede causar inquietud. Primero, porque se demuestra, una vez más, que los bancos no tienen una idea muy clara sobre lo que hacen. El invento de los subprime, un producto financiero tan complejo y absurdo que nadie puede saber con certeza si es bueno, regular, malo o ruinoso, da una indicación aproximada sobre cómo están las cosas, y lo previsibles que son nuevas quiebras. Segundo, porque cuando acabe, algún día, todo este cataclismo (no se sabe cuándo terminará en el mundo, pero sí en España: el año que viene, según el Gobierno), los bancos supervivientes serán mucho más crueles y soberbios que los de hoy.

Las crisis son cíclicas, y desde el estallido de la primera burbuja (la especulación holandesa con bulbos de tulipán) se escuchan las mismas frases: el sistema financiero aprenderá, no repetirá errores, se ganará en solidez. Les aseguro que en los próximos meses toparán continuamente con esos mantras consoladores. No crean ni una palabra. El efecto de las crisis es exactamente el contrario. Suelen mejorar los controles gubernamentales, los mecanismos de emergencia de los bancos centrales y las garantías públicas, pero el sistema financiero se vuelve más irracional con cada desastre. ¿Por qué? Porque las entidades supervivientes se hacen más grandes y rentables (alguien se quedará con los activos sanos de Lehman Brothers), porque cuando se recupera el crecimiento el dinero llega solo, y porque sus directivos, pasado el tembleque, se convencen de su propia infalibilidad. Si aún estamos vivos, se dicen, será por nuestro talento. Y vuelven a inventar derivados ultracomplejos, a calentar el mercado bursátil con lo que Alan Greenspan llamaba "exuberancia irracional", a apostar con dinero ajeno (un párvulo puede invertir en Bolsa, eligiendo al azar, con mayor provecho que los analistas de un banco: ese experimento ya está hecho) y a exigir a los Gobiernos que no interfieran en su sagrada libertad.
Lamento que decenas de miles de personas pierdan su empleo. Pero nunca echaré en falta a Lehman Brothers.

lunes, 15 de septiembre de 2008

La educación de la infanta y la de los demás


Hoy los medios de comunicación reproducen hasta la saciedad y con empalago la noticia del primer día de colegio de la infanta Leonor. Como de costumbre, se detienen en la simpatía de la niña y dan como datos secundarios lo que de verdad debería importar. El colegio es privado y cuesta 650 € al mes. Las actividades extraescolares se cobran aparte y las familias pueden elegir entre pintura, dibujo, cómic e ilustración, danza española, ballet clásico, taller de cine, taller de teatro, inglés, instrumentos musicales o chino mandarín. El caso es que su refinada educación se pagará con el dinero de todos, mientras en distintos lugares del país miles de niños que acuden a la escuela pública lo harán en condiciones mucho menos favorables: en barracones de obra, en edificios que se caen a pedazos, en un salón de bodas y banquetes, como unos niños de la misma edad de Leonor, en el municipio de Vallirana, en la provincia de Barcelona, o en un lugar, de cuyo nombre no quiero acordarme, donde cada curso se renuevan las promesas de que el nuevo edificio estará construido para el año siguiente y al curso siguiente hay que seguir trabajando en un edificio en ruinas. ¿Todavía hay alguien que se crea la patraña del artículo 14 de la Constitución? Es más creíble la afirmación de Rebelión en la granja, la fábula antiestalinista de George Orwell: "Todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros", con perdón para los animales.


El comienzo del curso escolar para los que no son de la familia real:


domingo, 14 de septiembre de 2008

El caballero oscuro


No me gustan las películas de superhéroes, de personajes con superpoderes y trajes estrafalarios. Pero la nueva saga de Batman, dirigida por Christopher Nolan, aporta mucho más que unos cuantos mamporros y millones de dólares en efectos especiales. El caballero oscuro es una muy buena película con un discurso muy profundo sobre el mundo actual. El millonario Bruce Wayne, interpretado por Christian Bale, sigue actuando por las noches como justiciero en la ciudad de Gotham. Está decidido a seguir colaborando con las fuerzas del orden y con un honrado nuevo fiscal del distrito en la lucha contra el crimen. Cuando deciden ir a por la mafia, entra en escena Joker, un psicópata amante del caos, que disfruta planteando dilemas morales a sus perseguidores. En el transcurso de la película aparecen preguntas de gran calado. ¿puede el fin justificar losmedios? ¿Es lícito actuar mal para conseguir el bien? ¿Una muerte puede ser vengada con otra muerte? ¿Se puede decidir quién debe vivir y quién debe morir? ¿Está justificada la restricción de las libertades con el fin de conseguir mayor seguridad? ¿Hasta qué punto el miedo puede condicionar la manera de actuar de las personas? En El caballero oscuro afloran inquietantes paralelismos con el mundo contemporáneo: el miedo como principal amenaza de la libertad, las incontables renuncias en nombre de la seguridad, la corrupción de los ideales cuando para su defensa se utilizan las mismas armas que emplean los criminales, el desafío del caos para hacer tambalear las estructuras de las sociedades democráticas,... La película también es un buen entretenimiento, con grandes actores, entre los que destacan Gary Oldman, que interpreta al policía Jim Gordon, y Aaaron Eckhart, como el fiscal Harvey Dent. Pero por encima de todos se encuentra la impresionante interpretación del fallecido Heath Ledger como Joker. Se puede decir que él es el verdadero protagonista de la película, que consigue que toda la historia gire a su alrededor y logra eclipsar al propio Batman. Es una verdadera lástima que no podamos disfrutar de su talento en posteriores entregas. El suyo es un gran trabajo en una gran película.

Sinopsis y críticas:




Página web de la película:

sábado, 13 de septiembre de 2008

El alma de los verdugos (libro)


Hace unos meses se emitió en La 2 el documental El alma de los verdugos, fruto de la colaboración entre el reportero Vicente Romero y Baltasar Garzón, juez de la Audiencia Nacional. El documental fue el resumen de un trabajo de investigación mucho más amplio, condensado por Vicente Romero en un libro con el mismo título. El propósito inicial de Garzón y Romero fue conocer la naturaleza de los represores de las dictaduras del Cono Sur americano, aunque la investigación se centra casi exclusivamente en el caso argentino. El alma de los verdugos aporta el imprescindible contexto histórico para enmarcar los testimonios de las víctimas de la represión en Argentina, así como declaraciones de jueces y de algunos de los personajes siniestros que participaron en la represión, como el ex-policía Luis Patti o el ex- militar Adolfo Scilingo. El relato histórico permite comprender mejor la magnitud de la represión sobre una parte de la sociedad argentina y también algunos aspectos controvertidos sobre aquellos tiempos: la responsabilidad de los peronistas en la represión inicial, el consentimiento casi generalizado de la sociedad argentina ante el golpe militar de 1976, la colaboración del Partido Comunista argentino con la Junta militar, el papel de muchos empresarios en la elaboración de listas de "subversivos", la indiferencia de buena parte de la clase media urbana ante los crímenes de Estado, la utilización del Mundial de fútbol de 1978 como cortina de humo para ocultar el horror, la connivencia de multinacionales y organismos económicos con la Junta militar, el negocio asociado a la apropiación de bienes de los detenidos y desaparecidos, la promulgación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida por el gobierno del radical Alfonsín en un clima de tensión golpista, los indultos del peronista Menem,...

Pero la mayor parte del libro la ocupan las entrevistas a los supervivientes del horror y a quienes pelearon para que los crímenes cometidos por los represores no quedaran impunes. De estas entrevistas se extrae la misma conclusión a la que llegó Hannah Arendt a principios de los años 60 mientras asistía en Jerusalén a las sesiones del juicio contra el nazi Adolf Eichmann: la personalidad de los verdugos es ordinariamente vulgar en la mayoría de las ocasiones. No hay nada excepcional entre quienes se convierten en máquinas de tortura o en asesinos. Tendemos a pensar que son monstruos, pero lo más destacable de ellos es su anodina "normalidad". Pero lo más aterrador es la posibilidad de que, si se crean las condiciones adecuadas mediante el adoctrinamiento ideológico, pueda surgir todo un ejército de torturadores sin escrúpulos al servicio de quienes manejan los hilos del poder.

La última parte del libro se detiene en las iniciativas llevadas a cabo para poner ante la justicia a los criminales: los llamados Juicios de la Verdad, la pelea de las Madres y Abuelas de Mayo por encontrar a los niños robados en los centros de detención y el comienzo de las causas en nombre de la justicia universal, en las que tuvo un papel muy destacado el juez Garzón. Es la crónica de la lucha contra la impunidad. El libro concluye con una llamada de atención acerca de las violaciones de derechos humanos en nombre de la democracia: es el caso de la prisión de Guantánamo y de las cárceles secretas de la CIA, donde gobiernos que se autocalifican de democráticos han contribuido, bien por acción directa o bien por complicidad callada, a la destrucción física y psicológica de detenidos sin ninguna garantía. Mientras haya personas que recuerden y denuncien los crímenes, no existirá tranquilidad para los verdugos. De ahí la importancia de recordar.

GARZÓN, Baltasar y ROMERO, Vicente, El alma de los verdugos, RBA Editores, Barcelona, 2008. El libro incluye un CD con el documental emitido en televisión.

Reseña del libro:


viernes, 12 de septiembre de 2008

Cerdos y pintalabios

!Listo! Ya estás preparado para ir a la tele y continuar amplificando la última campaña-basura.
Y el cerdo dice: !Mmmm! !Un pintalabios con sabor a basura!
Sarah Palin, candidata a la vicepresidencia por el Partido Republicano en EEUU, se autodefinió como "un pitbull con pintalabios". Días después Barack Obama dijo que aunque pintes a un cerdo con pintalabios, sigue siendo un cerdo, una expresión similar a "aunque la mona se vista de seda, mona se queda". Los medios de comunicación han amplificado las frasecitas con el pintalabios, que han pasado a ser el principal tema de campaña, mientras otros asuntos quedan oscurecidos, como las propuestas concretas de los candidatos. El show mediático y las declaraciones retóricas ocultan lo verdaderamente trascendente.

jueves, 11 de septiembre de 2008

No olvidar


Hace siete años el mundo conectado a la televisión asistió asombrado a los mayores atentados de la historia. Aquel día murieron más de 3.000 personas. Después han muerto muchas más en distintos lugares del mundo: han comenzado guerras, las bombas de los suicidas se han multiplicado, el miedo se ha convertido en un compañero habitual de viaje, se han recortado libertades en nombre de la seguridad y se ha torturado en nombre de la libertad. El legado del 11 de septiembre de 2001 sigue presente y sus consecuencias van más allá de los aniversarios y los discursos emotivos. Recordar no es un gesto involuntario, sino que se convierte en una obligación. No olvidar no es un requisito para la venganza, sino el primer paso para seguir reclamando justicia y seguir teniendo presentes a quienes se fueron.

Diario de Greg, un pringao total


Éste es el título de la novela gráfica ideada por el dibujante estadounidense Jeff Kinney o, como él la llama, una novela casi ilustrada. El formato es el clásico de un diario, acompañado por dibujos que explican el día a día de un chico de 12 años a lo largo de un curso escolar. Greg cuenta sus peripecias en el instituto y en su casa y sus relaciones con su familia y sus amigos. En el libro aparecen las típicas situaciones que conocemos de las películas estadounidenses: los matones de instituto, la popularidad de los deportistas, la imperiosa necesidad de salir del anonimato y de sentirse a gusto con la propia imagen, las gamberradas, las fiestas de Halloween, los regalos de navidad que nunca son lo que se esperaba,... Jeff Kinney ha captado con gran agudeza las inseguridades y los pensamientos de los preadolescentes y cuenta la historia de Greg con un extraordinario sentido del humor y unos sencillos, pero expresivos dibujos. Una buena recomendación para los amantes del cómic que no cuenta historias de superhéroes.


KINNEY, Jeff, Diario de Greg, un pringao total. Una novela casi ilustrada, Editorial Molino, Barcelona, 2008.

Reseña del libro:

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Welcome back, Lance


Lo que ayer empezó a propagarse como un rumor desde una página web especializada en ciclismo, acabó siendo confirmado horas después por el propio protagonista: Lance Armstrong ha decidido volver a la competición profesional. Será el próximo año, sólo correrá algunas carreras, participará en ellas sin cobrar y su finalidad declarada es concienciar a la gente de la necesidad de continuar la lucha contra el cáncer, del que se define como un superviviente. Armstrong está convencido de que puede volver a rendir al máximo nivel y tras su retirada en 2006 se ha mantenido en forma, corriendo carreras en línea, de ciclocross y varios maratones a pie, donde ha conseguido excelentes resultados. Lance Armstrong siempre destacó por su extraordinaria mentalidad, que le llevaba a exprimirse al máximo para lograr los objetivos que se marcó como deportista. Siempre supo dosificar sus esfuerzos y controlar a sus rivales con inteligencia para rematarles después con su espectacular "molinillo". De Armstrong tengo grabados en la memoria tres momentos espectaculares del Tour de 2003: su llegada a meta totalmente deshidratado el día de la contrarreloj de Cap Découverte, que ganó Ullrich; su habilidad para sortear el lugar donde había caído Joseba Beloki en el descenso del puerto de La Rochette y, por último, su rabia tras enredarse con la bolsa de un espectador y caer al suelo junto con Iban Mayo en la subida a Luz Ardiden. Armstrong se levantó, cazó a Ullrich, que andaba escapado, y ganó la etapa. Su dominio en el Tour durante siete años fue aplastante, como antes lo había sido el de Indurain. Su retirada abrió la posibilidad de la vuelta del viejo ciclismo de ataques en la montaña, desfallecimientos, emoción,... Su regreso para la próxima temporada augura grandes momentos, porque mientras Armstrong no estaba reaparecieron los ciclistas rebeldes que no se someten a la tiranía del pelotón y que no se lo pondrán fácil. Alberto Contador, que probablemente será compañero de Armstrong en el Astaná la próxima temporada, ya ha declarado que si el año que viene va al Tour, será para intentar ganarlo y no para trabajar para el gran "capo". La carretera dictará su ley, pero hay que quitarse el sombrero ante la valentía de Lance Armstrong. No tiene ninguna necesidad de volver a exponerse a suspicacias ni de sacrificarse como lo hacen los ciclistas, no tiene nada que demostrar, pero vuelve a la carretera. Bienvenido de nuevo.


La noticia en la prensa:



martes, 9 de septiembre de 2008

Más líneas para pensar


- El hogar no es el lugar donde vives, sino el lugar donde te comprenden. Christian Moregenstern.

- Un cobarde es incapaz de mostrar amor. Hacerlo está reservado a los valientes. Mahatma Gandhi.

- La señal de que no amamos a alguien es que no le damos todo lo mejor de nosotros. Paul Claudel.

- Ama a todos, confía en pocos, no hagas daño a ninguno. William Shakespeare.

- Por raro que sea el verdadero amor, lo es menos aún que la verdadera amistad. La Rochefoucauld.

- Tener muchos amigos equivale a no tenerlos. Proverbio árabe.

- Cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla. Confucio.

- Cuando una puerta se cierra, otra se abre. Pero a menudo miramos la puerta cerrada tanto tiempo y con tanto resentimiento que somos incapaces de ver la que acaba de abrirse. Graham Bell.

- Toda salida es una entrada a otro lugar. Tom Stoppard.

- Debemos saber que aceptar pasivamente un sistema injusto es cooperar con ese sistema y, de ese modo, tener parte en su maldad. Martin Luther King.

- Cuando contemples la larga y sombría historia del hombre, verás que se han cometido muchos más crímenes horrendos en nombre de la obediencia que en nombre de la rebelión. C. P. Snow.

- Lo único que hace falta para que el mal triunfe es que los buenos hombres no hagan nada. Edmund Burke.

- El hombre no es prisionero del destino, sino de su propia mente. Franklin D. Roosevelt.

- Quienes, entre la libertad y la seguridad, optan por la seguridad, no tienen derecho ni a la seguridad ni a la libertad. Benjamin Franklin.

- La autoestima del hombre actual depende de factores externos: del éxito y del juicio de los demás. Erich Fromm.

- El bosque sería muy triste si sólo cantaran los pájaros que mejor lo hacen. Rabindranath Tagore.

- La vida es un 10% lo que haces y un 90% cómo te lo tomas. Charles Swindoll.

lunes, 8 de septiembre de 2008

WALL-E


La última película de los estudios Pixar recrea la Tierra dentro de 700 años. El planeta se ha convertido en un inmenso vertedero, hasta el punto de que los humanos han tenido que abandonarlo. En la Tierra sólo queda un robot de limpieza llamado WALL-E (Waste Allocation Load Lifter-Earth Class). WALL-E se dedica a apilar residuos y colecciona objetos que llaman su atención. WALL-E tiene una cucaracha como mascota y le encantan las viejas películas musicales: cada día mira una vieja cinta de vídeo de la película Hello Dolly, en la que suenan las canciones Put on your sunday clothes y It only takes a moment. Un día su rutina da un vuelco absoluto cuando a su mundo llega EVE, un robot encargado de detectar signos de vida en la Tierra. Este encuentro llevará a WALL-E a viajar muy lejos de su hogar y transformará para siempre su existencia y la del planeta. El robot WALL- E recuerda al entrañable E.T. y en la película hay varios homenajes a películas de ciencia ficción, como 2001, una odisea del espacio. Pero lo que no deja de sorprender es la maestría de los animadores de Pixar para dar vida y expresión a sus personajes y recrear mundos con tanta verosimilitud. Personalmente, me gustó mucho más Ratatouille, pero WALL-E sorprende igualmente en el aspecto técnico y, como en todas las películas de la factoría Disney, la película tiene un mensaje bienintencionado relacionado con la ecología, el reciclaje y los peligros de la vida sedentaria.

Como es costumbre de los estudios Pixar, antes de la proyección de sus películas en los cines se incluye un divertido corto. En esta ocasión el corto tiene el título de Presto y sus protagonistas son un hambriento conejito y un mago presuntuoso. Podéis verlo aquí:




Página oficial de WALL-E:

http://www.disney.es/FilmesDisney/Wall-E/

Sinopsis y opiniones:

http://www.filmaffinity.com/es/film744679.html

domingo, 7 de septiembre de 2008

El efecto Lucifer (libro)


Philip Zimbardo es un conocido profesor e investigador de Psicología Social. A principios de los años 70 diseñó y dirigió el famoso experimento de la cárcel de Stanford. En aquel momento pretendía estudiar el poder de las situaciones para transformar el comportamiento de las personas. El experimento, que debía durar dos semanas, hubo de suspenderse antes de finalizar la primera semana debido a los comportamientos observados en los participantes. Lo ocurrido en la universidad de Stanford hizo correr ríos de tinta durante años e incluso sirvió de inspiración para el argumento para una película alemana (Das Experiment). En El efecto Lucifer Philip Zimbardo realiza por primera vez una detallada exposición del experimento de la prisión de Stanford. Pero el libro va más allá e incorpora las conclusiones de Zimbardo tras años de estudio del comportamiento humano, corroboradas con unos hechos mundialmente conocidos, acaecidos en 2003 en Irak.
Más de 30 años después de su experimento, el profesor Zimbardo se vio sacudido como millones de personas por las imágenes de las torturas de la cárcel de Abu Ghraib, en el Irak ocupado por las fuerzas de la coalición encabezada por EEUU. Junto al rechazo que le provocaron aquellas imágenes, Zimbardo observó su extraordinaria similitud con las escenas de las que había sido testigo en los sótanos de la facultad de Psicología de Stanford. Zimbardo tuvo la oportunidad de conocer de cerca a uno de los acusados de las torturas de Abu Ghraib, el sargento Ivan "Chip" Frederick, y participó como experto de la defensa en el consejo de guerra contra Frederick. Las conclusiones que extrajo sobre lo ocurrido en la prisión de Abu Ghraib coincidían con lo que había comprobado durante sus años de estudio acerca de la influencia que ejerce el entorno en el comportamiento humano. Con sus propios experimentos y otros estudios sobre obediencia, autoridad y conducta realizados por otros investigadores, como Albert Bandura y Stanley Milgram, Zimbardo constató la importancia del poder situacional (las condiciones particulares de una situación) en el comportamiento de las personas y la posibilidad que existe en todos los seres humanos de que personas consideradas normales acaben actuando con maldad con otras personas. Ése es el llamado "efecto Lucifer". Cualquiera puede comportarse de forma cruel con sus semejantes si se dan las condiciones adecuadas. Zimbardo comprobó algo que ya había observado Hannah Arendt durante el juicio al criminal de guerra nazi Adolf Eichmann: la extraordinaria banalidad del mal, es decir, la anodina personalidad de muchos seres que cometen atrocidades. Lo que se espera encontrar en tales casos son psicópatas, personalidades retorcidas. Pero en la mayor parte de las ocasiones se trata de personas "normales", sin ningún rasgo destacable, vulgares. La posibilidad del mal existe en todos nosotros y puede aparecer si se dan las circunstancias propicias. Todos podemos ser demonios, como en el dibujo de Escher.


Otra de las conclusiones de Zimbardo es la siguiente: aparte de las características propias de cada persona (disposición), el sistema y las situaciones que éste crea tienen mucha influencia en la forma de actuar de las personas y quienes detentan el poder pueden utilizar su posición para crear situaciones que lleven a las personas bajo su mando a cometer actos malvados. Zimbardo observó cómo tanto en el experimiento de la cárcel de Stanford como en la prisión de Abu Ghraib el "sistema", es decir, los responsables de la situación, habían creado las condiciones para que se produjesen los abusos de poder y humillaciones que se dieron sobre los prisioneros. Por acción u omisión de sus funciones, la culpabilidad de los actos que en aquellos lugares se habían llevado a cabo no recaía únicamente en sus autores directos, sino también en quienes permitieron que la situación se degradase hasta tal punto. Zimbardo no elude su responsabilidad sobre la deriva del experimento de la cárcel de Stanford y explica que aprendió una gran lección de todo aquello. Las conclusiones de sus estudios le llevan a acusar a los responsables de la política de EEUU en Irak de haber cometido actos contrarios a los derechos humanos. Zimbardo acusa directamente a presidente Bush, al vicepresidente Cheney, al ex- secretario de Defensa Donald Rumsfeld, al entonces director de la CIA George Tenet y a los mandos militares en Irak de las atrocidades cometidas en Abu Ghraib. Los soldados que torturaron a los prisioneros son responsables de sus actos, pero también quienes crearon las condiciones para que se produjesen las torturas y humillaciones.

Por otra parte, de los estudios de Philip Zimbardo y otros psicólogos sociales se deduce que al igual que el ser humano puede actuar de forma malvada con sus semejantes, también puede hacerlo de forma bondadosa. Frente a la banalidad del mal, Zimbardo afirma la existencia de la banalidad del bien. En las personas existe también la posibilidad de actuar de forma heroica, de resistir la presión y de hacer lo correcto a pesar de las circunstancias adversas. Zimbardo analiza el comportamiento de personas consideradas como héroes o heroínas y comprueba que son asimismo personas normales que deciden dejarse guiar por sus convicciones, aunque eso les comporte riesgos, como ser castigados o marginados. Finalmente, Zimbardo propone un decálogo de consejos para resistir la presión, aprender a actuar de forma autónoma y descubrir los intentos de manipulación de los poderosos. Conocer la forma de actuar de los demás proporciona recursos para resistir mejor ante órdenes arbitrarias. Philip Zimbardo es un excelente divulgador, su escritura es muy amena y el libro aporta interesantes reflexiones sobre la naturaleza humana. La lectura de El efecto Lucifer aporta fundamentalmente dos conclusiones: lo poco que conocemos a los demás e incluso a nosotros mismos y la necesidad de "vacunarse" contra la obediencia ciega, de entrenarse en la desobediencia y en el cuestionamienro de las órdenes que emanan de las estructuras del poder.


ZIMBARDO, Philip, El efecto Lucifer. El porqué de la maldad, Editorial Paidós, Barcelona, 2008.

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Entrevista con Philip Zimbardo: