martes, 16 de septiembre de 2008

Bancos en quiebra


Dos buenos apuntes sobre la quiebra del banco de inversiones Lehman Brothers y el caos crediticio que nos acecha desde hace más de un año. Por un lado, la viñeta de Forges de hoy, que recoge aquello de lo que se estarán acordando estos días muchos de los afectados por la bancarrota de Lehman Brothers. Y por otro lado, el análisis de Enric González sobre el canibalismo del sistema financiero y la implacable crueldad de los bancos que logran sobrevivir a la crisis. Sus reflexiones me recuerdan los cínicos argumentos de Milton Friedman, el cerebro gris de la Escuela de Chicago, sobre la oportunidad que suponen las crisis para aquellos que no tienen escrúpulos para aprovecharse de ellas.


BANCOS
ENRIC GONZÁLEZ

Salvo por el mezquino, estéril y efímero (pero muy gozoso) placer de asistir a la caída de una de las instituciones más arrogantes y despiadadas del mundo, la quiebra de Lehman Brothers sólo puede causar inquietud. Primero, porque se demuestra, una vez más, que los bancos no tienen una idea muy clara sobre lo que hacen. El invento de los subprime, un producto financiero tan complejo y absurdo que nadie puede saber con certeza si es bueno, regular, malo o ruinoso, da una indicación aproximada sobre cómo están las cosas, y lo previsibles que son nuevas quiebras. Segundo, porque cuando acabe, algún día, todo este cataclismo (no se sabe cuándo terminará en el mundo, pero sí en España: el año que viene, según el Gobierno), los bancos supervivientes serán mucho más crueles y soberbios que los de hoy.

Las crisis son cíclicas, y desde el estallido de la primera burbuja (la especulación holandesa con bulbos de tulipán) se escuchan las mismas frases: el sistema financiero aprenderá, no repetirá errores, se ganará en solidez. Les aseguro que en los próximos meses toparán continuamente con esos mantras consoladores. No crean ni una palabra. El efecto de las crisis es exactamente el contrario. Suelen mejorar los controles gubernamentales, los mecanismos de emergencia de los bancos centrales y las garantías públicas, pero el sistema financiero se vuelve más irracional con cada desastre. ¿Por qué? Porque las entidades supervivientes se hacen más grandes y rentables (alguien se quedará con los activos sanos de Lehman Brothers), porque cuando se recupera el crecimiento el dinero llega solo, y porque sus directivos, pasado el tembleque, se convencen de su propia infalibilidad. Si aún estamos vivos, se dicen, será por nuestro talento. Y vuelven a inventar derivados ultracomplejos, a calentar el mercado bursátil con lo que Alan Greenspan llamaba "exuberancia irracional", a apostar con dinero ajeno (un párvulo puede invertir en Bolsa, eligiendo al azar, con mayor provecho que los analistas de un banco: ese experimento ya está hecho) y a exigir a los Gobiernos que no interfieran en su sagrada libertad.
Lamento que decenas de miles de personas pierdan su empleo. Pero nunca echaré en falta a Lehman Brothers.

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