lunes, 29 de septiembre de 2008

Espejos. Una historia casi universal


Espejos. Una historia casi universal es el título del último libro de Eduardo Galeano. En él Galeano recupera la forma de narrar grandes historias en textos breves y realiza una crónica de la presencia de los seres humanos en el mundo, desde la Prehistoria hasta la actualidad. Sus relatos ofrecen una perspectiva diferente de los acontecimientos y la biografía de personajes importantes o centran su atención en personas desconocidas por la mayoría. Espejos nos devuelve una imagen distinta y más completa de nosotros mismos como especie y complementa y enriquece el relato de la historia oficial, donde casi nunca hay espacio para la gente común.

Espejos comienza con estas dos historias:



DE DESEO SOMOS

La vida, sin nombre, sin memoria, estaba sola. Tenía manos, pero no tenía a quién tocar. Tenía boca, pero no tenía con quién hablar. La vida era una, y siendo una era ninguna.
Entonces el deseo disparó su arco. Y la flecha del deseo partió la vida al medio, y la vida fue dos.
Los dos se encontraron y se rieron. Les daba risa verse, y tocarse también.
CAMINOS DE ALTA FIESTA

¿Adán y Eva eran negros?

En África empezó el viaje humano en el mundo. Desde allí emprendieron nuestros abuelos la conquista del planeta. Los diversos caminos fundaron los diversos destinos, y el sol se ocupó del reparto de los colores.

Ahora las mujeres y los hombres, arcoiris de la tierra, tenemos más colores que el arcoiris del cielo; pero somos todos africanos emigrados. Hasta los blancos blanquísimos vienen de África.
Quizá nos negamos a recordar nuestro origen común porque el racismo produce amnesia, o porque nos resulta imposible creer que en aquellos tiempos remotos el mundo entero era nuestro reino, inmenso mapa sin fronteras, y nuestras piernas eran el único pasaporte exigido.


Otras dos de las historias que más me han gustado:

HUMANITOS

Darwin nos informó que somos primos de los monos, no de los ángeles. Después supimos que veníamos de la selva africana y que ninguna cigüeña nos había traído desde París. Y no hace mucho nos enteramos de que nuestros genes son casi igualitos a los genes de los ratones.

Ya no sabemos si somos obras maestras de Dios o chistes malos del Diablo. Nosotros, los humanitos:

los exterminadores de todo,
los cazadores del prójimo,
los creadores de la bomba atómica, la bomba de hidrógeno y la bomba de neutrones, que es la más saludable de todas porque liquida a las personas pero deja intactas las cosas,
los únicos animales que inventan máquinas,

los únicos que viven al servicio de las máquinas que inventan,
los únicos que devoran su casa,
los únicos que envenenan el agua que les da de beber y la tierra que les da de comer,
los únicos capaces de alquilarse o venderse y de alquilar o vender a sus semejantes,
los únicos que matan por placer,

los únicos que torturan,

los únicos que violan.

Y también

los únicos que ríen,

los únicos que sueñan despiertos,

los que hacen seda de la baba del gusano,

los que convierten la basura en hermosura,

los que descubren colores que el arcoiris no conoce,

los que dan nuevas músicas a las voces del undo

y crean palabras, para que no sean mudas

la realidad ni su memoria.


SANGRE NEGRA

Era de cordero la sangre de las primeras transfusiones; y corría el rumor de que esa sangre hacía crecer lana en el cuerpo. En 1670 Europa prohibió las experiencias.
Mucho tiempo después, hacia 1940, las investigaciones de Charles Drew aportaron técnicas nuevas para el procesamiento y almacenamiento del plasma. En mérito a sus hallazgos, que salvaron millones de vidas durante la segunda guerra mundial, Drew fue el primer director del Banco de Sangre de la Cruz Roja en los Estados Unidos.
Ocho meses duró en el cargo.

En 1942, una orden militar prohibió que la sangre negra se mezclara con la sangre blanca en las transfusiones.

¿Sangre negra? ¿Sangre blanca? Esto es pura estupidez, dijo Drew, y se negó a discriminar la sangre.
Él entendía del asunto: era científico, y era negro.

Y entonces renunció, o fue renunciado.


GALEANO, Eduardo, Espejos. Una historia casi universal, Editorial Siglo XXI, Madrid, 2008.


Eduardo Galeano habla de su libro:

No hay comentarios: