lunes, 10 de noviembre de 2008

Misiones de pacificación y riesgos


De nuevo y de manera casi generalizada, asistimos a una tergiversación de la realidad con relación al ataque sufrido por un blindado del ejército español en Afganistán, con el resultado de dos militares muertos y cuatro heridos. Se habla del suceso como un ataque terrorista contra la misión de paz que realiza el contingente español, encuadrado en las tropas de la OTAN. Desde el comienzo de la intervención de la ISAF en Afganistán en 2001 se ha venido repitiendo la misma cantinela, tratando de presentar lo que es una guerra como algo muy distinto. Afganistán fue desde el principio una trampa sin salida para las tropas que invadieron el país y siete años después, la situación no ha hecho más que agravarse. No hay más que observar la estrategia militar de EEUU: con lo mal que están las cosas en Irak (hoy de nuevo se han producido dos atentados, con más de 30 muertos), el gobierno de EEUU ha empezado a desviar tropas y dinero desde allí hacia Afganistán y prevé aumentar considerablemente el número de soldados sobre el terreno. Un informe reciente indicaba que serían necesarios cerca de 450.000 soldados para tener garantías de éxito. Incluso el general Petraeus, hasta hace unas semanas máximo responsable militar en Irak, ha sido trasladado a Afganistán. ¿Se puede seguir llamando misión de pacificación a lo que ocurre en Afganistán? ¿Se puede concebir que se necesitan ejércitos armados con las últimas tecnologías para construir carreteras, escuelas y hospitales? ¿Por qué no se dice la verdad y se llama a las cosas por su nombre? Sobre este tema y sobre el papel que los soldados desempeñan escribe hoy Enric González en el diario El País y, como de costumbre, en un texto breve apunta ideas que conducen a reflexiones profundas.


SOLDADOS
ENRIC GONZÁLEZ

El soldado es, en términos comparativos, y muchas veces también en términos absolutos, el servidor público peor pagado. Se trata de un funcionario al que enviamos a la guerra para que defienda nuestros intereses con su cuerpo y con su vida. Su trabajo merece el máximo respeto. Y, sin embargo, ofendemos con frecuencia al soldado. Diciendo, por ejemplo, que va en "misión de paz" a un territorio en guerra. O deslegitimando a su enemigo con el término "terrorista", un término que, inevitablemente, prolifera de nuevo tras la muerte del brigada Juan Andrés Suárez García y el cabo Rubén Alonso Ríos.

Ése es el problema de los juegos de palabras. En una guerra, fusilar a niños constituye un crimen de guerra. Hay reglas, aunque no se cumplan. Si no se reconoce la guerra, casi cualquier cosa que haga el enemigo puede calificarse como "terrorismo". Para el ejército nazi, los partisanos eran terroristas. Mal precedente.
Un soldado de un ejército regular, encuadrado en una fuerza multinacional de ocupación, es un objetivo militar legítimo, aunque quien le mate vista de civil y profese una ideología detestable. Si negamos eso, negamos su misma profesión. Ese soldado puede contar con el respaldo de la ONU, puede atenerse escrupulosamente a las leyes de la guerra, puede dejarse el corazón ayudando a la población civil, puede desear la paz con el máximo fervor: sigue siendo un soldado en territorio extranjero. Cuando cae, cae con honor en el campo de batalla y debemos agradecerle que lo sacrificara todo, su propia vida y la felicidad de su familia, en nombre de algo tan abstracto como nuestros intereses geoestratégicos. No le insultemos, por favor, diciendo que le enviamos a Afganistán para construir escuelas o mantener el orden público. A eso se dedican otros profesionales.
Y no insultemos nuestra propia inteligencia diciendo que ese soldado combate "por la libertad". Combate por nuestra seguridad. ¿Es legítimo defender nuestra seguridad ocupando militarmente un país tan lejano? Tan legítimo como hacerlo en Irak, supongo.


La complicada situación en Afganistán:


2 comentarios:

Guderian dijo...

La convención de Ginebra considera terrorista y no le da el estatus de combatiente al "soldado" que se escuda en la población civil y se diluye para huir entre ella, como hacen los talibanes, son terroristas porque la respuesta militar desde una lógica inhumana sería barrer tanto al terrorista como al escudo humano en el que se camufla, cosa que afortunadamente los ejércitos occidentales no hacen (otra cosa son los rusos en Chechenia). Por eso los quintacolumnistas, partisanos y demás no son considerados combatientes por ningún ejército moderno, y no se les aplica la convención de Ginebra.
Por otra parte, es cierto que combate por nuestros intereses geoestratégicos, pero de paso, consigue llevar la libertad o al menos eliminar algo de inhumanidad de un regimen execrable como el de los talibanes. ¿De verdad no está mejor una mujer en el Afganistán de Karzai, que en el del mullah Omar, en el que eran violadas en pandilla como compensación a deudas de honor, un Afganistán dónde morían en el parto ellas y sus hijos porque un médico no podía verle el coño a la mujer de otro?. Sólo por eso, por la recuperación de la dignidad de las mujeres afganas merece la pena esta guerra, aunque como es natural no haya sido esa la causa.
Por otra parte, la guerra como recuerda vd vino tras el apoyo material, logístico, ideológico y de entrenamiento tras los atentados del 11S, de la embajada de Sudán, del destructor en el canal de Suez, fue legítima defensa.
Por cierto, recuerde vd que desde ese país se mandan cargamentos de muerte en forma de heroina a las venas de los jóvenes del mundo occidental.
Eso si es una guerra justa, al igual que la liberación de Europa por los americanos. Todo lo contrario de Irak, urdida con pruebas falsas, mentiras y añagazas.
saludos

Paqui Pérez Fons dijo...

Con todos mis respetos, pero me parece que usted no ha entendido el contenido de esta entrada: ¿desde cuándo el gobierno español o los integrantes de la ISAF han hablado de la intervención en Afganistán como una guerra? El ambiguo término que utilizan es "misión de pacificación" y esto lo hacen con toda la intención puesto que con la ambigüedad, entre otras cosas, se permiten no cumplir las leyes de la guerra. El ejército de EEUU, con la colasboración de otros miembros de la coalición, mantiene cárceles secretas en Afganistán donde hay prisioneros detenidos a los que no se les reconoce el estatus de prisioneros de guerra, sino que se les califica con el también ambiguo término de "combatientes enemigos". Lo de Afganistán es claramente una guerra, pero no se dice. Se prefiere seguir engañando a la población e inventando historias de heroísmo y entrega por la libertad de los demás, cuando lo que allí se está haciendo es algo muy distinto. Lo que yo cuestiono y lo que hacía también Enric González es precisamente esa intencionada manera de engañar a la población con versiones falseadas de la realidad. Es una guerra, aunque no se diga. La propia ministra de Defensa se contradijo a sí misma con sus declaraciones: si se está en misión de paz, no se puede estar al mismo tiempo "combatiendo por nuestros intereses geoestratégicos y por nuestra seguridad".

Respecto a lo de que los ejércitos occidentales no actúan contra la población cicil donde se refugian los insurgentes, hay numerosos ejemplos de lo contrario. En las últimas semanas el ejército de EEUU ha causado más de un centenar de muertos civiles en Afganistán con bombardeos indiscriminados con la excusa de estas persiguiendo terroristas. Precisamente ésa es una de las razones del empeoramiento de la situación en Afganistán y del incremento de la resistencia contra lo que de hecho es una invasión, se mire como se mire, aunque el gobierno de Karzai( que no controla ni un tercio de la superficie del país) haya dado su consentimiento para la permanencia de las tropas.

Por otra parte, la oposición a las fuerzas de la ISAF no viene sólo de los talibanes. En Afganistán hay multitud de grupos armados de distinta tendencia y distintas aspiraciones, muchos de los cuales recibieron las armas del gobierno de EEUU en el periodo de la invasión soviética y años después, durante el régimen de los talibanes. Le recomiendo que lea "Una oración por la lluvia" de Wojciech Jagielski, un libro muy documentado sobre la compleja situación de Afganistán. Tal vez si quienes planearon la invasión de Afganistán lo hubiesen leído, tendrían una imagen más ajustada de lo que allí pasa y de cómo actuar.

Respecto al gobierno de Hamid Karzai, es uno de los principales responsables del caos y del incremento exponencial del cultivo de adormidera y del repunte del tráfico de heroína. Y para que un producto sea vendido, sea heroína o sean alfombras, debe existir una demanda. Una de las pocas medidas positivas del periodo de gobierno de los talibanes fue la práctica erradicación de los cultivos de adormidera.

Saludos.