martes, 2 de diciembre de 2008

Desvergüenza


Ya no sorprende, pero resulta irritante que tanto el gobierno actual como el anterior sigan negando la evidencia sobre los vuelos secretos de la CIA, que unos aprobaron y otros aceptaron sin rechistar. Las pruebas son indiscutibles, pero lo único que saldrá de todo esto es un nuevo duelo de descalificaciones entre los dos partidos mayoritarios. De dimisiones o reconocimientos de responsabilidades, nada de nada. Eso aquí no se estila.
SECRETOS
ENRIC GONZÁLEZ

Paso mucho apuro ante el espectáculo de una persona que, por dinero o por lo que sea, se ve obligada a decir tonterías en público. Ese defecto me impide disfrutar de buena parte de la programación televisiva, y complica mi derecho a ejercer un sagrado derecho cívico: la carcajada ante el gobernante ridículo. Superada la inicial vergüenza ajena, reconozco que a veces lo paso bien con el programa Zapatero presenta nuevas medidas contra la crisis, que suelen emitir dentro de los informativos y que habrá superado ya los cien episodios, y con el programa que le complementa, Rajoy considera insuficientes las nuevas medidas; ya sé que son cosas mías, pero se me escapa la risa cada vez que Rajoy dice "timorato".

A eso, como digo, he ido acostumbrándome. Se trata de la única ventaja conocida de las crisis económicas: el ciudadano las pasa canutas, pero al menos los políticos, que ni saben ni pueden hacer gran cosa, soportan la humillación ritual de salir en la tele diciendo gansadas.

Con lo de los vuelos de la CIA, sin embargo, no creo que llegue a poder. En cuanto un ministro, o un presidente del Gobierno, cuenta el chiste viejísimo de "me he enterado por los periódicos" (¿se acuerdan de Felipe?), yo me borro. Me da bochorno.

Ahora resulta que ni el Gobierno del PP, que dio las autorizaciones para las escalas en España de los vuelos a Guantánamo, ni el Gobierno del PSOE, que las mantuvo mientras montaba pajarracas para despistar, sabían nada de nada. Y esto es sólo el principio. Ya verán cómo esta gente lo niega todo, por más evidencias que surjan. Es lo que tiene la diplomacia secreta.

En otros países, la comedia se hace con más gracia. Cuando se descubrió que en 2003 el espionaje italiano había ayudado a la CIA a secuestrar en Milán a un ciudadano egipcio, el entonces ministro de Defensa, Antonio Martino, un hombre decente y con sentido del humor, hizo una declaración formal ante un periodista: "Primero, yo no sé nada de ese presunto secuestro; segundo, le recuerdo que hablando de él vulnera usted la ley de secretos oficiales y comete delito". Italia es otra cosa.

2 comentarios:

Vicente Rodrigo dijo...

Demasiada hipocresía. Estamos en una época de no reconocer errores y seguir obstinados en mantenerlos o esquivarlos disimuladamente...

Gracias por el interesante enlace que me has puesto.

Paqui Pérez Fons dijo...

En España pocas veces los que mandan reconocen sus errores y más raro aún es que dimitan. Sólo dimiten los que no mandan apenas nada. Lo de Aznar entra dentro de lo previsible, dadas sus amistades con Bush, pero lo del gobierno de Zapatero es más grave si cabe, pues de cara a la galería se ha mantenido una postura mientras secretamente se hacía lo contrario. Y ahora, que hay pruebas irrefutables de lo que ha estado pasando durante años, siguen negándolo. Aunque supongo que cuentan con que algo así preocupa a muy poca gente y que hay otros asuntos que les interesan más. Así es muy difícil que alguna vez unos u otros rindan cuentas de sus desmanes.

Saludos.