domingo, 1 de marzo de 2009

El factor humano


El periodista británico John Carlin ha trazado una crónica del fin del apartheid en Sudáfrica poniendo su centro de atención en dos aspectos fundamentales: el carisma de Nelson Mandela y la utilización del rugby como elemento de unión de todos los sudafricanos. Carlin sostiene que el carácter de Nelson Mandela fue decisivo para la transición pacífica en Sudáfrica. Es lo que denomina "el factor humano", la forma de tratar a los demás, especialmente a sus enemigos, los que le habían enviado a la cárcel a prncipios de los años 60 por defender los derechos de los negros y luchar contra el sistema racista del apartheid. Desde su confinamiento en Robben Island, Mandela se esforzó por conocer al enemigo y entender su mentalidad. Aprendió afrikaans y respondió con educación a sus guardianes para obetener de ellos un trato digno. Su objetivo era demostrarles que era un ser humano y que merecía ser tratado como tal, que se les viniese abajo la visión deshumanizadora de los negros que habitaba en sus mentes. De esta manera consiguió ganarse poco a poco a sus guardianes y después a los distintos funcionarios del régimen racista que acudieron a visitarle a la prisión y que finalmente decidieron ponerle en libertad en febrero de 1990. Mandela tuvo claro que cualquier solución para Sudáfrica debía incluir también a los blancos, sobre todo a los afrikaners (el 65% de los blancos sudafricanos, de ascendencia holandesa). Ellos también eran africanos y si el fin del apartheid devolvía los derechos a los negros, pero excluía a los blancos, la paz nunca sería posible. Esto implicaba olvidarse de la venganza y dedicarse a construir un país nuevo con el que todos pudiesen sentirse identificados. Si había algo que movilizaba a los afrikaners, era el rugby.

El rugby era el deporte nacional para los afrikaners, muy por encima de todos los demás. El equipo nacional, los Springboks (antílopes), estaba integrado casi en su totalidad por afrikaners y durante los años más duros del apartheid había sufrido el boicot internacional, gracias a la presión de activistas negros de distintos países. Este boicot dolía espcialmente a los afrikaners, pues el equipo del que se sentían orgullosos no podía competir en el exterior o, si lo hacía, sus jugadores sufrían insultos y ataques. Los negros sudafricanos consideraban a los Springboks como uno de los símbolos del apartheid y siempre apoyaban a los equipos extranjeros. Mandela vio en el rugby algo que podía acercarle a los afrikaners y al mismo tiempo que actuase como elemento unificador de rtodo el país. La oportunidad llegó en 1995, cuando Sudáfrica organizó la Copa Mundial de rugby. El objetivo era que todos los sudafricanos se sintiesen identificados con el equipo. Para ello tuvieron mucha importancia los símbolos: los del nuevo país, como la bandera amulticolor y los himnos nacionales (Die Stem, el antiguo himno afrikaner y el Nkosi Sikelele!, canción revolucionaria negra, en idioma xhosa) y otros en los que Nelson Mandela tuvo un papel destacado, como el hecho de que se colocase la gorra de los Springboks en todos los partidos del Mundial y la camiseta verde y amarilla del equipo en la final frente a los All Blacks de Nueva Zelanda. Las victorias de los Springboks y el apoyo incondicional de Mandela arrastraron a los más reticentes de uno y otro bando y les llevaron a sentirse por primera vez parte de un proyecto común. El 24 de junio de 1995 se hizo realidad el lema que los sudafricanos habían elegido para el Mundial: "Un equipo, un país". Ese día se conjuró el peligro de una guerra civil en Sudáfrica y se derribaron muchas barreras mentales. Fue un gran momento de exaltación patriótica del que muy pocos pudieron sentirse excluidos y permitió empezar a creer en una Sudáfrica en paz.

El libro de John Carlin se centra en los aspectos más emotivos de la historia del fin del apartheid y concede un valor primordial a la importancia de los símbolos y las actitudes personales en la evolución de los acontecimientos. El relato se construye a partir de entrevistas a personajes que tuvieron un papel destacado en los hechos que se narran y deja de lado aspectos importantes de la transición a la democracia en Sudáfrica, como las enormes concesiones que recibieron los antiguos funcionarios del apartheid. Pero hay que tener en cuenta que El factor humano no es un libro de historia, sino una crónica periodística en la que la fascinación del autor por la figura de Nelson Mandela incardina todo el relato. John Carlin focaliza su atención en valores que Mandela representa, como la generosidad, la confianza, la dignidad, el respeto y la reconciliación. Sin embargo, en ocasiones optar por esos valores significa tener que renunciar a hacer justicia.

Está previsto que El factor humano sea llevado al cine próximamente. La película será dirigida por Clint Eastwood y protagonizada por Morgan Freeman como Nelson Mandea y Matt Damon como François Pienaar, capitán de los Springboks.


CARLIN, John, El factor humano. Nelson Mandela y el partido que salvó a una nación, Editorial Seix Barral, Barcelona, 2009.

Reseñas del libro:



Críticas:




Entevista a John Carlin:

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