jueves, 30 de abril de 2009

El miedo


Recientemente se ha publicado por primera vez en español la novela El miedo, del escritor francés Gabriel Chevallier. En ella se relata la experiencia en el frente de un joven soldado francés durante la Primera Guerra Mundial. El joven Jean Dartemont, el protagonista, es el álter ego del propio Chevallier, que fue movilizado en 1914 y combatió en las trincheras hasta el final de la contienda. El libro es un impresionante relato de la verdadera cara de la guerra: el sufrimiento de los combatientes, la suciedad, las enfermedades, la sangre, el desaliento, el escaso valor en el campo de batalla de los "grandes ideales" como el nacionalismo, el amor a la patria, el desprecio por las vidas ajenas de aquellos que orquestan las guerras, los sacrificios inútiles, la inconsciencia de los arrebatos heroicos, el cansancio, el aburrimiento, la camaradería con quienes comparten el mismo destino y el miedo. Esta sensación acompaña al protagonista a lo largo del relato y le lleva a preguntarse por qué tiene que malgastar su juventud en un oscuro agujero y por qué debe odiar a un enemigo que sufre las mismas penurias al otro lado del frente. El miedo ofrece un retrato realista y sin censuras de lo que significó la llamada Gran Guerra para los millones de soldados que combatieron en ella durante cuatro años: la euforia inconsciente de las primeras semanas de la guerra, la instrucción en los campamentos, la estupidez de muchos mandos militares, la vida en el laberinto interminable de las trincheras, las ofensivas en las que sólo se avanzaban unas decenas de metros, los ataques con gas, los primeros bombardeos aéreos, la muerte omnipresente, los momentos de tregua, las dificultades que entraña tener una opinión crítica y atreverse a manifestarla en voz alta, la propaganda, la censura , las acusaciones de falta de patriotismo, el aborregamiento necesario para cumplir órdenes que si se analizasen mínimamente nunca serían llevadas a la práctica,... La narración del soldado Dartemont, salpicada con sus reflexiones y sus conversaciones con el cabo Nègre y su amigo, el general barón de Poculote, supone una magistral descripción de la realidad de una guerra cruenta, que inauguró un siglo de conflictos brutales y cuya conclusión no sirvió para detener la barbarie, sino que contribuyó a reanudarla pocos años después. Gabriel Chevallier fue acusado de antipatriota cuando el libro se editó en 1930 y durante unos años se suspendió su publicación. El contexto no era el propicio para alegatos antibelicistas. Pero si se quiere conocer la verdadera realidad de la guerra, hay que leer este libro. He aquí una cuantas frases para ilustrar el espíritu de El miedo:


"Sobre todo, no he de pensar... ¿Qué podría plantearme? ¿Morir? Eso no puedo planteármelo. ¿Matar? Es lo desconocido, y no tengo ningunas ganas de matar. ¿La gloria? No se gana gloria aquí, hay que estar más en la retaguardia. ¿Alcanzar cien, doscientos, trescientos metros en las posiciones alemanas? Demasiado he visto que eso no cambiaría nada los acontecimientos. No tengo ningún odio, ninguna ambición, ningún móvil. Sin embargo, debo atacar...

Mi única idea: pasar a través de los balazos, de las granadas y de los obuses, escapar a ellos, vencedor o vencido. Por otra parte, ser vencedor es vivir. Ésta es también la única idea de todos los hombres que me rodean."


"Los héroes puros escasean. Y si, para conseguir un héroe, hay que hacer pedazos a diez mil hombres, prescindamos de los héroes. Pues sepa que la misión a la que ustedes nos destinan, tal vez serían ustedes incapaces de cumplirla".


"!Estoy hasta las narices! !Tengo veintitrés años, veintitrés años ya! He estrenado ese porvenir que quería que fuera tan pleno, tan rico en 1914, y no he conseguido nada. Mis mejores años transcurren aquí, echo a perder mi vida en unas ocupaciones estúpidas, en una subordinación imbécil, llevo una vida contraria a mis gustos, que no me ofrece meta alguna, y tantas privaciones, tantos fastidios quizá terminen con mi muerte... !Estoy hasta las narices! Soy el centro del mundo, y cada uno de nosotros lo es también para sí mismo. Yo no soy responsable de los errores ajenos, no me solidarizo con sus ambiciones, sus apetitos, y tengo mejores cosas que hacer que pagar su gloria y su provecho personal con mi sangre. Que hagan la guerra los que gustan de ella, yo me desentiendo absolutamente. Es un asunto de profesionales, que se las apañen entre ellos, que hagan su oficio. !No es el mío! ¿Con qué derecho disponen de mí estos estrategas cuyas funestas elucubraciones he podido juzgar? Recuso su jerarquía, que no es prueba de su valor, recuso las políticas que han llevado a esto. No tengo ninguna confianza en los organizadores de masacres, desprecio incluso sus victorias por haber visto demasiado de qué están hechas. No es odio lo que siento, sólo detesto a los mediocres, a los necios, que a menudo se promocionan, se convierten en todopoderosos. Mi patrimonio es mi vida. No poseo bien más preciado que defender. Mi patria es lo único que conseguiré ganar o crear. Yo muerto, me importa un bledo cómo se vayan a repartir los vivos el mundo, el trazado de las fronteras, sus alianzas y sus enemistades. No pido más que vivir en paz, lejos de los cuarteles, de los campos de batalla y de los genios militares de todo jaez. Vivir no importa dónde, pero tranquilo, y convertirme lentamente en lo que debo ser... Mi ideal no es matar. Y si he de morir, entiendo que sea libremente, por una idea que me sea querida, en un conflicto en el que yo tenga mi parte de responsabilidad..."


CHEVALLIER, Gabriel, El miedo, Editorial Acantilado, Barcelona, 2009.


Extracto del primer capítulo:


Bibliografía reciente sobre la I Guerra Mundial:


Colección de grabados del pintor Otto Dix sobre la I Guerra Mundial:


WebQuest sobre la I Guerra Mundial:

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