sábado, 12 de septiembre de 2009

Menos de dos tardes


Para entender el funcionamiento de la economía moderna , bastan unas nociones básicas. Ni siquiera dos tardes, como le dijo Jordi Sevilla a José Luis Rodríguez Zapatero hace unos años, cuando éste último confesó que él de economía no tenía ni idea. En su columna de ayer del diario El País, Juan José Millás daba unas nociones básicas para comprender cómo son las cosas por estos lares. La viñeta de hoy de Forges apunta algo que cualquiera que viva en una gran ciudad española puede esperar de sus responsables municipales, sean del partido que sean.


DOS TARDES
JUAN JOSÉ MILLÁS

Según los organismos internacionales, España es poco competitiva. ¿Pero en qué consiste la competitividad? Pues a veces en una cosa y a veces en su contraria, según. Si alguien, pongamos por caso, fabrica botijos a céntimo la unidad, lo competitivo, en buena lógica, sería fabricarlos a dos. Pues no, lo competitivo, en este caso, sería fabricarlos a medio céntimo, para ganar menos que el vecino. Viene a ser como si los participantes de la Vuelta Ciclista, en vez de luchar por el primer puesto, se pelearan por el último. El entrenador amonestaría al primero por su falta de espíritu, de agresividad, de ganas. Muchacho, tienes que poner más coraje, le diría, intenta correr menos, ir más despacio, no es tan difícil, coño.

De modo que las clases bajas son competitivas cuando cobran poco, mientras que las altas lo son cuando ganan mucho. A los obreros se les exige flexibilidad, movilidad, humildad, mientras que el prestigio de los ejecutivos depende de la cláusula de rescisión de su contrato. Emilio Botín lleva varios días pagando anuncios a doble página en toda la prensa para exhibir unos beneficios desorbitados. Ser competitivo, si eres pobre, consiste en acabar el ejercicio siendo más pobre, mientras que si eres rico consiste en acabarlo forrado. Cuando los organismos internacionales acusan a España de ser poco competitiva, lo primero que habría que averiguar es si nos consideran pobres o ricos. Si lo primero, tendremos que trabajar más por menos; si lo segundo, menos por más. Aun sin saber nada de economía, mucho nos tememos que nos han incluido en el primer grupo, es decir, entre los que deberían competir por vender los botijos más baratos. Pero no se apuren los ricos españoles que ahí están los pobres españoles para hacer por diez lo que otros hacen por veinte. La economía es, en efecto, cosa de dos tardes.

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