domingo, 11 de octubre de 2009

Ágora


Ágora es la última película de Alejandro Amenábar, un cineasta superdotado capaz de saltar de género cinematográfico en cada película y de superar lo logrado en anteriores proyectos. En esta ocasión la historia que narra Amenábar se desarrolla en la Edad Antigua, en las décadas anteriores al derrumbe del Imperio Romano. Amenábar se centra en Alejandría, ciudad romana de Egipto, sede de la famosa Biblioteca que atesoraba miles de manuscritos con el conocimiento del mundo antiguo. La Biblioteca era además un centro de estudio, donde maestros y discípulos intentaban encontrar respuestas a los enigmas de la naturaleza y el universo. Hipatia, hija de Teón de Alejandría, director de la Biblioteca, fue una filósofa (amante de la sabiduría) que impartía clases en la Biblioteca. Su interés por la ciencia la llevó a renunciar a casarse, pues hacerlo hubiera supuesto someterse a la voluntad de un hombre, renunciar a su libertad e independencia y abandonar todo aquello que daba sentido a su existencia. Amenábar centra el objetivo de su cámara en la figura de Hipatia para contar, a través de su historia, el derrumbe de un mundo imperfecto, pero caracterizado por la tolerancia, y el advenimiento de otro dominado por la ortodoxia y la oscuridad, aunque con pretensiones declaradas de perfección. El ágora de Alejandría, espacio de convivencia e intercambios, se convierte en el escenario del enfrentamiento entre distintas religiones: paganos, judíos y cristianos combaten por la hegemonía de su discurso, aunque para algunos la batalla está perdida de antemano. La identificación del poder político con una de las tendencias augura la victoria de ésta y la derrota de las demás. Hipatia intenta mantenerse al margen de estas luchas y dedicarse por entero a la ciencia, pero la violencia acaba colocándola en el ojo del huracán y convirtiéndola en una víctima más de la intolerancia y el fanatismo. En la película aparecen también otros temas, como la esclavitud y la instrumentalización de un lenguaje redentor que da esperanza a los más desfavorecidos al tiempo que los adhiere a una causa de la que no son dueños.

El maestro Amenábar cuida todos los detalles y consigue una fiel ambientación histórica y científica. Además, la iconografía escogida revela muchos aspectos ideológicos de la película. Por ejemplo, los colores de las ropas de los personajes los identifican con determinados grupos (blanco para los paganos, negro para los fundamentalistas cristianos,...). El aspecto físico de algunos personajes también invita a establecer curiosos paralelismos, como en el caso del obispo que ordena destruir la Biblioteca, cuyo parecido con Osama Bin Laden es extraordinario. Los barbudos miembros de la secta de los parabolanos también recuerdan a los fanáticos de Al Qaeda y los talibanes afganos.

Como es bien sabido, toda historia es historia del presente y en este caso Alejandro Amenábar ha afirmado que Ágora pretende ser una crítica contra el fundamentalismo y la intolerancia, temas universales y desgraciadamente presentes también en esta época. Muchos críticos han calificado la película como rigurosa, pero fría. Habría que preguntarse si la frialdad o el predominio de la racionalidad sobre el apasionamiento no es tanto una carencia de la película como una decisión deliberada del director. Yo apuesto por la segunda opción.

Página web de la película:


Ficha de la película y críticas:



La figura de Hipatia:

2 comentarios:

kailabasilea dijo...

No había reparado en lo de los colores del atuendo, tienes toda la razón. Además de esto, coincido en casi todo. Yo no he sido capaz de expresarlo con tan pocas palabras en mi propio blog. Saludos.

Paqui Pérez Fons dijo...

Lo de los colores de las vestimentas lo leí en la revista Cinemanía. Muchas veces las revistas de cine dan claves para entender lo que pasa desapercibido a simple vista. Saludos.