jueves, 29 de octubre de 2009

Democacia


Ejemplos no faltan. Miremos donde miremos, es lo que hay: en Italia, las corruptelas de Berlusconi y compañía, en el Reino Unido, los diputados de todos los partidos saqueando las arcas del Estado para satisfacer todos sus caprichos, en la Francia de Sarkozy, durante los seis meses de la presidencia europea, se gastó más de un millón de euros diario (un banquete se facturó a más de 5.000 € por cubierto). Y en España cada día salen a la luz casos de "servidores" públicos que ponen el cazo, porque ésa es su principal aspiración cuando son elegidos: sacar el máximo provecho con la venia de los votantes. El sistema político con el que se nos llena la boca es, como dice Forges, una democacia. Sólo una forma más "civilizada" de robar.

Además del excelente editorial gráfico de Forges de hoy, en el diario El País se incluye un artículo de opinión del catedrático de Sociología Ignacio Sotelo sobre los defectos del sistema democrático parlamentario español. Sus argumentos coinciden con los expuestos por Alejandro Nieto en El desgobierno de lo público, que comenté hace unos días. El artículo se titula "El descrédito de la política":

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