domingo, 19 de septiembre de 2010

Adiós, abuelo



José Antonio Labordeta descansa desde hace unas horas tras una vida caracterizada por la coherencia y el compromiso. Ha sido profesor, poeta, escritor, cantautor, representante político y andarín incansable. En los años noventa recorrió el país con su mochila, descubriendo parajes y gentes y sus andanzas hicieron mucho más por la vertebración del país que otros que se llenan la boca a diario con la "patria". Después llegó al Congreso de los Diputados, donde se convirtió en portavoz de quienes están hartos de las malas formas, los chanchullos y la desfachatez de los que nunca se apearon del poder. Finalmente regresó a morir a su tierra. Deja una huella imborrable. El cariño popular en su despedida demuestra que uno recoge lo que sembró. Adiós, abuelo.

Dos de las canciones más emblemáticas de José Antonio Labordeta: Somos alienta a no rendirse y seguir en la lucha, mientras que Banderas rotas es una constatación de la derrota y la desesperanza:

SOMOS

Somos
como esos viejos árboles
batidos por el viento
que azota desde el mar.

Hemos
perdido compañeros
paisajes y esperanzas
en nuestro caminar.

Vamos
hundiendo en las palabras
las huellas de los labios
para poder besar

tiempos
futuros y anhelados,
de manos contra manos
izando la igualdad.

Somos
como la humilde adoba
que cubre contra el tiempo
la sombra del hogar.

Hemos
perdido nuestra historia
canciones y caminos
en duro batallar.

Vamos
a echar nuevas raíces
por campos y veredas,
para poder andar

tiempos
que traigan en su entraña
esa gran utopía
que es la fraternidad.

Somos
igual que nuestra tierra
suaves como la arcilla
duros del roquedal.

Hemos
atravesado el tiempo
dejando en los secanos
nuestra lucha total.

Vamos
a hacer con el futuro
un canto a la esperanza
y poder encontrar

tiempos
cubiertos con las manos
los rostros y los labios
que sueñan libertad.

Somos
como esos viejos árboles.


BANDERAS ROTAS

He puesto sobre mi mesa todas las banderas rotas.

Las que nos rompió la vida, la lluvia y la ventolera
de nuestra dura derrota.

Rota permanece aquella que levantamos al cielo
pensando que la justicia crecería como un vuelo
de gaviotas en el mar.

Y vimos cómo al final sólo nos quedó el recuerdo
de un mástil desarbolado y unos jirones de tela
rotos por el vendaval.

He puesto sobre mi mesa todas las banderas rotas.

Las que nos rompió la vida, la lluvia y la ventolera
de nuestra dura derrota.


Rota permanece aquella que ponía libertad
y que aupamos convencidos que al terminar la batalla
ésta íbamos a ganar.

Pero todo fue una amarga e inútil desesperanza
cuando vimos que las huellas
de los grilletes dejaban unas marcas sin borrar.

He puesto sobre mi mesa todas las banderas rotas.

Las que nos rompió la vida, la lluvia y la ventolera
de nuestra dura derrota.

He puesto sobre mi mesa todas las banderas rotas
He puesto sobre mi mesa todas las banderas rotas

Doce momentos en la vida de Labordeta:

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