martes, 11 de enero de 2011

Obsolescencia programada




El pasado domingo se emitió en La 2 el documental Comprar, tirar, comprar, que analiza el fenómeno de la obsolescencia programada como uno de los pilares en los que se sustentan las sociedades capitalistas consumistas. La obsolescencia programada consiste en planificar la fecha de caducidad de los productos industriales, con el fin de que los consumidores se vean obligados a comprar nuevos productos que sustituyan a los que se han quedado deliberadamente desfasados. El sistema económico predominante se basa en gran medida en esa estrategia, que podría tener sentido en contextos muy concretos, pero que deja de lado el problema fundamental: la limitación de los recursos naturales y los residuos que generan tantos productos desechables. El documental plantea una alternativa que cada vez se manifiesta como más urgente: el decrecimiento. Comprar, tirar, comprar obliga a pensar hacia dónde se dirige un sistema que antepone la rentabilidad y el derroche a la sostenibilidad del planeta y a muchos de los valores que nos definen como humanos.

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2 comentarios:

Alberto Panadero dijo...

Gracias Paqui por descubrirme este concepto hijo de Caín.
Cada vez que se puede ser más sinvergüenza se es y nos engañan todo lo que pueden y más.
En mi casa tuvimos un frigorífico que duró lo que ya van 2 ó 3 y los que queden por igualarle. A veces cuando te dicen en casa que las cosas de antes eran mejores te ríes; pero cada vez me voy riendo menos.
En fin, esperemos que haya más gente con cargo de conciencia que ayude a un desarrollo más sostenible y lo último, toda la mierda para los países más pobres...

Paqui Pérez Fons dijo...

Lo cierto es que las cosas antes duraban más, en parte porque como no había recursos económicos para renovarlas. ¿Quiénes podían permitirse comprar cosas nuevas? Sólo los más ricos. La gente alargaba la vida de los objetos hasta que dejaban de funcionar o intentaban repararlos antes de decidir comprar algo nuevo. El abaratamiento de los costes de producción y la desaparición de los obreros especializados en pequeñas reparaciones ha llevado a esas situaciones que todos hemos vivido: que te cueste más caro reparar algo que comprar un objeto nuevo.

La tecnificación de las sociedades industriales también tiene mucho que ver con programar la muerte de los productos. Imagina que las cosas durasen mucho. Habría menos obreros trabajando, las tasas de desempleo serían más altas y los niveles de consumo más bajos. El principal problema es que el desarrollo, el bienestar y el despilfarro de los países industrializados se hace a costa de los países más pobres. Si en lugar de seguir manteniéndolos apartados del las ventajas del progreso se les incluyese en el reparto de los beneficios de la técnica y la ciencia, el mundo sería más justo. Pero es muy difícil que los privilegiados renuncien a sus privilegios. Hace falta un cambio de mentalidad. El desarrollo sostenible no llegará hasta que no quede más remedio, cuando nos quedemos sin recursos porque hayamos agotado todo lo que produce la tierra. Poca gente se para a pensar en reducir su impacto ecológico, moderar su consumo, reciclar, no especular con sus ganancias, comprar teniendo en cuenta las condiciones en las que se han fabricado los productos... La avaricia de unos cuantos se sustenta en las necesidades (reales o creadas) de la mayoría.

Salut!