viernes, 20 de mayo de 2011

Escepticismo


El efecto contagio de las concentraciones y acampadas en diversas ciudades del país puede llevar a muchos a experimentar la alucinación colectiva de que las cosas se pueden cambiar, de que nos encontramos ante una "revolución". Pero lo cierto es que las propuestas concretadas a marchas forzadas no tienen nada de novedoso. Forman parte de las reivindicaciones históricas de los trabajadores. No hay nada distinto a la defensa del Estado del Bienestar, que se fue recortando poco a poco sin que casi nadie reaccionase. Las concentraciones de estos días me recuerdan demasiado a las de los países árabes: improvisación, desahogo del cabreo acumulado, incertidumbre sobre la trascendencia real de las protestas y cambios cosméticos mientras lo esencial del sistema sigue en pie. Tampoco he podido evitar recordar mayo del 68 y aquella canción de Ismael Serrano, sobre el desencanto tras las frases bonitas y los eslóganes pegadizos, sobre la vuelta a la realidad tras unas semanas de euforia. Probablemente soy demasiado vieja para creer en utopías. La realidad demanda precisamente realismo, que no es lo mismo que conformismo.